Las llagas

El Papa Francisco ha puesto sobre el tapete los últimos años que Jesucristo está resucitado, está vivo con las llagas. Los evangelios nos lo presentan con las llagas: “Ven Tomás mete tu dedo en las llagas y no seas no creyente, cree. ‘Señor mío y Dios mío: dice Tomás’.”

Esto nos enseña cómo la vida al nosotros morir deja sus huellas y se van con nosotros. Es una reflexión profunda. Jesucristo se fue y está resucitado en su cuerpo, con sus llagas. Cuando nosotros resucitemos también en el cuerpo, –porque ahora hay una resurrección del alma, hay una resurrección de la vida, hay una resurrección para triunfar– entonces la otra resurrección es en la vida. Nosotros seguimos en la historia, no morimos.

Hay personas que van a dejar sus llagas y la dejarán en la historia. Los que han fallado, los que son corruptos por ejemplo, le dejarán eso a la historia. Solamente lo podrán corregir los que se han arrepentido, los que han cambiado, los que son capaces de decir “fui como Zaqueo, robé, pero devolví todo lo que había robado”. Ese pasará, resucitará, seguirá en la historia vivo y se recordará para siempre. Es como el ADN. Por eso nosotros vivamos con nuestras llagas, porque estarán con nosotros siempre. Hasta mañana si Dios, usted y yo lo queremos.