Urge un comportamiento ético I.

Introducción

Considero que vale la pena retomar el Mensaje de los obispos dominicanos del 27 de febrero de 2019 y detenerse en cada punto. Además es fácil de hacerlo. Es muy claro y preciso. Voy a hacerlo en tres entregas.

1. ¿Qué es Ética?
“Cuando nos referimos a un comportamiento ético, pensamos en la forma correcta para poder convivir en sociedad, no pensando que estamos en ‘la jungla’ donde sobrevive el más fuerte, sino por el contrario, caminando por la senda común de valores y principios éticos, entendiendo lo que es bueno o no. Urge, por tanto, un cambio de actitud en cada uno de nosotros hacia un comportamiento que nos ilumine y provoque una transformación frente a los actos que ensombrecen nuestra sociedad.

En la ética, el deber se manifiesta como la toma de conciencia de lo que debe ser, aunque aún no lo sea, pero se puede y debe llegar a ser. De aquí que la ética posea varias funciones en cuanto se valore la vida de los hombres (función moralizadora), la humanice para vivir en sociedad (función personalizadora), nos permita tener principios para juzgar los hechos (función crítica y de denuncia), nos haga buscar lo deseable como lo mejor (función utópica), o que nuestra inteligencia juzgue los valores como buenos y deseables (función creadora de valores). Cada una de esas funciones éticas están presentes delante de nosotros y nos están llamando.” (Mensaje # 2 y 3).

2. Comportamientos que iluminan nuestra sociedad
“Buscamos poner en primer plano el comportamiento ético, presentándolo como una necesidad y una meta a conquistar por todos los ciudadanos, instituciones públicas, privadas, filantrópicas o de caridad cristiana. La ética es universal, necesaria para todos, creyentes y no creyentes en Dios.

A pesar de que nuestro país cuenta con una Dirección General de Ética e Integridad Gubernamental (DIGEIG), con Comisiones de Ética Pública (CEP) y una Ley de Función Pública (Ley No. 41-08), es evidente la necesidad de fortalecer sus principios rectores: cortesía, decoro, discreción, disciplina, honestidad, vocación de justicia, lealtad, probidad, pulcritud y vocación de servicio.1 6.
Según establece el artículo 78 de dicha ley: “El régimen ético y disciplinario de los servidores públicos, sin importar la naturaleza de su vínculo funcionarial, está dirigido a fomentar la eficiencia y eficacia de los servicios públicos y el sentido de pertenencia institucional, a fin de promover el cumplimiento del bien común, el interés general y preservar la moral pública”.2
Lo que se afirma del servidor público puede decirse de manera unívoca de toda la sociedad. En tal sentido, se espera que todos seamos ciudadanos honestos, insobornables, incorruptibles, íntegros y transparentes, que demos cuenta de los bienes que administramos en beneficio de otros.” (Mensaje # 4 y 7).

3. Los 10 principios éticos, enumerados más arriba
a. “Honestidad. Refleja el recto proceder del individuo, con decencia y honradez, lo cual es el mejor antídoto contra la corrupción. Un ejemplo de la honestidad es, a propósito de nuestra fiesta patria, Juan Pablo Duarte. Así lo expresamos en el Mensaje de febrero de 2013:

“Durante la campaña militar anotó cuidadosamente los gastos desde su salida, como eficiente Contador.

He aquí el paradigma de honradez, honestidad y transparencia, para todo dominicano que participe en la política pública”.3

b. Vocación de justicia. Obliga a las personas a actuar con equidad, respecto de aquellas que demandan o solicitan sus servicios, sin ningún tipo de preferencias de género, religión, posición social y económica.

c. Vocación de servicio. Se manifiesta a través de acciones de entrega diligente a las tareas asignadas e implica disposición para dar oportuna y esmerada atención a los requerimientos y trabajos encomendados. ¡Cuánto necesitamos de personas atentas, decorosas en sus puestos de labor! Que los ejerzan con la actitud de querer brindar un servicio público o privado de calidad, con diligencia, apertura y receptividad. Una buena actitud de servicio beneficia y estimula a los demás. Un referente universal de servicio es Jesús de Nazaret.

d. Disciplina. Ser personas irreprochables, con carácter, temple, voluntad férrea, entereza, seriedad, y con altura moral para afrontar las eventualidades, y decidir rectamente ante nuestras
responsabilidades.

e. Probidad. Está a la base de nuestra institucionalidad estatal, cuyo fin es el bien común. Una democracia con servidores probos alcanza mayor grado de legitimidad y reconocimiento social. La probidad se identifica con la integridad. Necesitamos personas íntegras, honradas que muestren con su testimonio que el camino de la corrupción no es la mejor vía.

Necesitamos jueces probos cuyos fallos reflejen la sana administración de la justicia, que sean imparciales y no determinados por sobornos.

f. Cortesía. Comunica en el otro la sensación de agradecimiento, a la vez, que halaga a uno, y enaltece al otro. El premio nobel de literatura en 1990, Octavio Paz, expresa que la cortesía “es una escuela de sensibilidad y desinterés”, que exige a la persona “cultivar su mente y sus sentidos, aprender a sentir, hablar y, en ciertos momentos, a callar.”4 A la raíz de la cortesía está el amor. Quien ama es amable, no obra con rudeza, “no actúa de modo descortés, no es duro en el trato. Sus modos, sus palabras, sus gestos, son agradables y no ásperos ni rígidos”. “El amor amable genera vínculos, cultiva lazos, crea nuevas redes de integración”.5
g. Decoro. Implica la respetabilidad del servidor público para sí y para con los ciudadanos que demanden algún servicio. Está muy unido a la dignidad que cada persona posee de forma innata y nos hace capaces de mejorar nuestra relación con nosotros mismos y con los demás. El reconocimiento de la dignidad humana hace posible el crecimiento común y
personal de todos.

h. Discreción. Genera confianza en los demás, cultivando un elenco de valores éticos y morales, como la moderación o mesura, capaces de fundamentar el tacto correspondiente a la hora de hablar, actuar y emitir opiniones sobre los demás. Una persona indiscreta, cuanto mal hace en la familia y en las instituciones.

i. Lealtad. Si bien es cierto que es una manifestación permanente de fidelidad hacia el Estado, que se traduce en solidaridad con la institución, superiores, compañeros de labores y subordinados dentro de los límites de las leyes y de la ética, también es cierto que, es una virtud que estamos llamados a desarrollar internamente e invitados a tener como obligación moral hacia las demás personas y hacia la Patria.

j. Pulcritud. Se refiere al manejo adecuado y transparente de los bienes del Estado. Demandamos personas que sean pulcras y transparentes en la administración de los fondos públicos y en sus obligaciones tributarias a nivel privado. Además, es necesario procurar ser pulcros en nuestros puestos de labor.” (Mensaje # 8).

Conclusión

CERTIFICO que en mi trabajo precedente he citado textos del Mensaje del 27 de Febrero 2019 de la Conferencia del Episcopado Dominicano con motivo del 175 Aniversario de la Independencia
Nacional, sobre el comportamiento ético.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los veintiocho (28) días del mes de febrero del año del Señor dos mil diecinueve.

NOTAS:
1 Ver: Ley Núm. 41-08, Ley de Función Pública y crea la Secretaría de Estado de Administración Pública, G.O. núm. 10458, art. 77.

2 Cf. Ibídem, art. 78.

3 Cf. CED, Mensaje de febrero 2013, “En el bicentenario de Juan Pablo Duarte, renovemos nuestros ideales”. Tema VII.

4 Cf. Octavio Paz, La llama doble, Barcelona 1993, 35.

5 Cf. Papa Francisco, Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia,sobre el amor en la familia, números 99 y 100.