Tres momentos de la historia

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

En torno a la defensa de la vida, hay tres momentos que continuamente me golpean, me impresionan y me marcan: es el momento de la defensa de los indígenas por parte de los padres dominicos frente a los colonizadores españoles que insistían en que no eran personas y había que eliminarlos. “No… ¡son nuestros hombres!”, decía el padre Fray Antón de Montesinos defendiendo la vida de los indígenas, pero fueron atacados.

“¿Qué es lo que dice la Iglesia sobre esto que ustedes…?, “¡¡…métanse en lo suyo, ustedes no tienen nada que ver con esto!!”, y los deportaron de la isla de Santo Domingo en aquel momento, los deportaron porque salieron en defensa de la vida, los denigraron y rebajaron; el segundo momento que me impacta en defensa de la vida y de esa participación de la Iglesia fue en tiempo de Trujillo, cuando los obispos publicaron aquella célebre carta en la que dicen que hay que respetar la vida desde el nacimiento hasta la muerte, y en ese momento salieron en defensa de nuestros jóvenes, que eran maltratados. De nuevo, Trujillo abre fuerza contra los obispos, los denigra, les dice que “qué tienen ellos que meterse en eso, que se metan en sus sotanas y que se vayan a otra parte”, sin embargo la República Dominicana agradece ese momento de defensa de vidas y sabemos que los obispos sufrían todas las persecuciones y podrían ser eliminados ellos y sus familias; y el tercer momento, así en defensa de la vida, es el actual, en defensa de la vida desde el embrión y en defensa también de la madre. Defendamos las dos vidas: la del niño y la de la madre, y por eso Tres momentos en defensa de la vida que casi hay que recordarlos con cariño y afecto, a pesar de que muchos rechacen esa posición de la Iglesia desde el pasado.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.