Televisión.

Mons. Ramón Benito De La Rosa Y Carpio

Otra vez el Día Mundial de la Televisión nos hace volver la mirada a ese aparato que nosotros miramos tantas veces: la televisión. Y volver sobre esa temática ha sido de gran progreso para la humanidad: el poder comunicar no solamente sonidos, sino también imágenes, que ahora se hacen de manera maravillosa. Por eso agradezcamos a la televisión y agradezcamos a Dios que ha puesto en la mente del ser humano la capacidad de buscar la técnica y recoger las imágenes que nos envuelven por todas partes; por eso, la televisión es un instrumento de bien.

Sin embargo, cuántas quejas hay, lo decimos, se vuelve un instrumento de mal. Ustedes los padres de familia ven cuántas imágenes entran en sus hogares, que como adultos lo pueden disipar, pero también, como padres de familia, sienten muchas veces la angustia y el peso de lo que están recibiendo sus niños, sus niñas, sus adolescentes. Por eso la televisión es buena en sí misma: somos los seres humanos quienes lo hacemos mal.

Nunca podemos decir: la televisión es mala. Habría que decir siempre: hay seres humanos que hacen de la televisión un instrumento para su egoísmo, su ambición, para todo.

Es por tanto que hay una responsabilidad de todos, y los padres, –y estoy insistiendo en la temática de los padres–, tienen que cuidar de lo que sus hijos ven y educarlos, sobre todo los primeros años. Si ya después ellos libremente escogen lo que quieren, si se quieren desviar, ya eso es una decisión personal, pero los papás ya cumplieron con su misión: darle a los hijos lo que tienen que darles.

Antes no se hablaba de televisión y no se les educaba en ese sentido, pero hoy sí hay que hacerlo, porque la televisión hace parte de la vida.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.