Recordemos los Orígenes

UN MOMENTO
Mons. Ramón Benito De La Rosa Y Carpio

He dicho tantas veces que si un pueblo olvida su historia está perdido; pueblo que olvida su historia, su pasado, sus raíces, no tendrá fundamento para orientar sus actitudes.

Entre los orígenes del pueblo dominicano hay que contar también la fiesta del 21 de enero, que no nació por casualidad. Nace de la experiencia del pueblo dominicano cuando debió enfrentar la invasión que venía desde Haití, dirigida por las tropas francesas cuando ocupaban esa parte de la isla.

Fuimos atacados con la intención de apoderarse de esta parte de la isla. Los dominicanos enfrentamos a esas huestes, en las que estaban los franceses y en las que incluyeron a los esclavos haitianos, y esa batalla fue el 21 de enero.

La historia nos da constancia de que los higüeyanos que participaron en esa batalla fueron encomendados a la Virgen por sus esposas y sus novias, que debieron quedarse en Higüey. Y la promesa fue esta: que si volvían sanos y salvos de esa batalla, le harían una gran fiesta a la Virgen de la Altagracia, como fue el 21 de enero de 1691. En 1692 organizaron la gran fiesta, porque volvieron todos sanos y salvos.

La Virgen de la Altagracia y su fiesta del 21 de enero, la más importante que tiene, está ligada a hechos históricos, no de una familia, no de un país, no de la Iglesia como tal, sino de la fe de la iglesia viviente en Higüey. Por eso, cada 21 de enero, celebración patria; cada 21 de enero, celebración del país; cada 21 de enero es día de acción de gracias por la participación de la Virgen de la Altagracia en la vida de los dominicanos.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

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