Pulcritud

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

 La pulcritud, principio rector en nuestras vidas, es básica para el manejo adecuado y transparente de los bienes del Estado. La pulcritud vale como  limpieza del cuerpo, de la mente, como limpieza en tu casa.

También demandamos personas pulcras transparentes en la administración de los fondos públicos y en sus obligaciones tributarias a nivel privado, así como en sus puestos de labor.

La pulcritud ética se consigue no en los salones de belleza, sino en la vida. El que ha faltado a la pulcritud no tiene más remedio que el que ensució su frente o su cara: reconocer que faltó, repararlo y rehacerlo.

Pulcritud: si uno se ensucia, lavarse, bañarse, y repito, ir al salón de belleza espiritual, moral y ético.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.