Perder el poder…

Todo ministro -un ministro es un servidor, porque esa es su misión-, todo servidor del pueblo, sea religioso, político o cualquier otro, en el ejercicio de su ministerio, si se enriquece de él, de ese ministerio, de ese servicio, pierde la autoridad y pierde el poder.

Nunca se piensa -algún político sobre todo-, que necesita dinero para poder alcanzar el poder. Las ciencias políticas y la historia enseñan que si usted se enriquece en el ministerio que dirige, en el servicio político que debe hacer como persona pública, pierde el poder, no lo consigue; en cambio aquel que se muestra como el que sirve a los demás, aunque parezca pobre, mantiene el poder.

Mucha gente no cree en esto, pero hay que reafirmarlo: todo servidor -y lo volvemos a repetir-, religioso, político u otro que se enriquece en el ejercicio de su ministerio, pierde la autoridad y con ella pierde el poder.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

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