Padre Abreu, párroco

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

Hoy es el Día del Párroco, ese hombre que está en muchos sectores y regiones de la ciudad, que forma parte de la ciudad y del campo: el párroco, el sacerdote encargado de un territorio en medio de la diócesis. Y estoy recordando hoy al padre Abreu, una figura que me impresionó desde que yo era seminarista, y muchas veces me iba de vacaciones a su parroquia para ver su ejemplo y su modelo.

El padre Abreu no fue noticia de primera plana, nunca. Y todavía lo recordamos. Esos hombres, esos párrocos que dedican toda su vida y su entrega a diferentes actividades, en el pleno sentido de lo que es el cristianismo: actividades religiosas, actividades educativas, actividades de bien social.

El padre Abreu se dedicó de lleno a celebrar sus misas y a formar cristianamente a su gente, pero también hizo obras sociales: un asilo, un lugar para niños abandonados, escuelas para pobres, y su parroquia era el lugar donde todos los necesitados podían ir a buscar una ayuda.

No fue noticia de primera plana. Los hombres y mujeres que no hacen noticia, o que de ninguna manera solamente hacen el bien, permanecerán.

Se está escribiendo la biografía del padre Abreu; los libros permanecen, las primeras planas pasan, de día a día, como primeras planas, pero pasan y se pierden como se hojea un periódico.

Felicidades a esos párrocos de los que nunca se habla, felicidades a la memoria del padre Abreu, párroco por más de treinta años en La Romana.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.