Mis Odontólogos

UN MOMENTO
Mons. Ramón Benito De La Rosa y Carpio

Permítanme en este Día del Odontólogo hacer memoria de lo que han sido mis odontólogos en la República Dominicana. Estoy inmensamente agradecido de ellos, pero también quiero proclamar y decir que la odontología en la República Dominicana ha sido muy buena. Eso no es pura casualidad: es que tenemos una universidad que nació en 1538 y eso no se improvisa.

Entre las cosas buenas de las que tenemos que hablar los dominicanos es de nuestra universidad, que ahora son nuestras universidades. Antes teníamos esa universidad fundada por los dominicos, cuya tradición universitaria han seguido los dominicanos a través de los siglos.

Los odontólogos que salen de aquí son muy buenos, y me lo dicen fuera, porque cuando he estado fuera, por cualquier razón, y he tenido que ir a un odontólogo de otro país de América o de Europa, me dicen: pero esos trabajos que usted tienen son muy buenos, y yo he dicho: si usted supiera los años que tienen lo diría más.

Mi odontólogo de Higüey, mi odontólogo de seminarista, –que íbamos a la Universidad Autónoma de Santo Domingo a que nos atendieran, cuando éramos seminaristas–, mi odontóloga actual, son excelentes. Yo quiero dar gracias a ellos y no solamente quiero dar gracias a ellos, quiero reconocer a los odontólogos de la República Dominicana, por lo buenos y serviciales que son. Sólo tengo un temor: que el odontólogo dominicano, por cobrar más de la cuenta, se echa a perder y se daña. Quisiéramos tener buenos odontólogos, pero con un sentido, como son los que hasta ahora yo he conocido, de servicio y de entrega. ¡Felicidades odontólogos buenos y servidores!

Hasta mañana, si Dios,
usted y yo lo queremos.

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