Miércoles de Ceniza.

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

Cuántos nos están diciendo ya: ¡Qué pronto pasa el tiempo! Otra vez tenemos el Miércoles de Ceniza, con todo el mensaje que siempre encierra y que repetiremos.

Alguien decía: ¿Por qué lo repetimos? Porque necesitamos recordarlo, porque no podemos olvidar, porque no podemos dejar de decir lo que es ceniza: “Hombre, polvo eres y en polvo te convertirás”.

Ustedes y yo sabemos cuántas veces hemos olvidado esa afirmación en nuestras vidas, que somos polvo; cuántas veces nos hemos creído ser lo único necesario en el mundo. Eres polvo y eres ceniza, por eso se repite tantas veces: nadie es absolutamente necesario en la vida; todos nosotros pasamos, todos nosotros podemos ser útiles, pero un día dejaremos de existir.

Somos polvo y ceniza, por más brillo que tengamos, por más tenis de moda que nos pongamos, por más vestidos lujosos que tengamos, somos polvo y ceniza y al fin y al cabo podemos decir: yo soy yo, yo no soy más que un esqueleto vestido de ropas de marcas de calidad y no podemos ocultar esa realidad.

Es bueno nosotros valorar lo que somos, eso sí, somos seres humanos, pero somos seres humanos que llevamos detrás de nosotros el polvo y la ceniza.

Miércoles de Ceniza nos recuerda esa realidad y ojalá que cada uno de nosotros pueda llevar sobre su frente esa memoria, ese recuerdo, para que sepa lo que somos y para que se lo recuerde a los demás, para que perdamos tanto orgullo, tanta vanidad falsa. Y el que esté sin pecado, que tire la primera piedra, porque algunas veces, en algún momento, hemos pasado por ahí, pero ojalá que nadie nos pueda tirar una piedra, porque una vez tal vez lo fuimos, pero ya hoy -en este Miércoles de Ceniza-, volvemos a decidir lo que queremos ser: yo quiero ser un ser humano, con toda la dignidad de ser humano, y todavía más: yo quiero ser una imagen de Dios, del Dios vivo, de cuya imagen y semejanza hemos sido hechos.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.