Maldecir al país…

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

Cuando uno dice, “este maldito país”, se está maldiciendo él y a ti también. Pídele que al menos te saque.

Las palabras matan, dan vida, maldicen y bendicen.

Cuando se dice “este maldito país”, quienes lo dicen no saben el daño que se están haciendo a sí mismos, a su familia y a los que los rodean. Cuando se oye esta frase, decirle a las personas: “si tú quieres ser maldito, selo tú, eres libre, pero a mí no me metas en tu maldición: este país no es

un país maldito sino bendito”. Este país, repitamos, tiene fallas, todo lo que ustedes quieran, pero es un país que tiene sus bendiciones.

Aquel que dice, “este país es maldito”, tiene que no solamente incluirse él, sino darse cuenta de que se está haciendo daño a él mismo y está diciendo una mentira, porque eso no es verdad.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.