Los Salmos y la justicia

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

Hacemos hoy la entrega No. 7 de esta temática. Les quiero invitar a mirar el Salmo 34, y en el Salmo 34 específicamente esta frase: “Son muchas las desgracias que sufre el justo”.

Son muchas las desgracias, son muchos los sufrimientos que tiene el hombre justo. Es un tema que hay que repetirlo muchas veces: el que quiera vivir la justicia ha de tener sufrimientos.

Siempre, nunca olvidaré, me marca aquella madre que le arrebataron su hijo: se lo mataron y esa mujer luchó para que se le hiciera justicia y el estado pagó para que se defendiera a los matadores. Ella tenía que buscar el dinero para pagar a los defensores de su hijo, pero los otros los tenían pago y los matadores se burlaban de ella.

Sigue luchando y tú no conseguirás justicia. De esa señora -lo he repetido y lo seguiré repitiendo-: recuerdo cómo en su barrio ella organizó un grupo de abuelas y de madres para orar por sus hijos muertos porque no se les había hecho justicia. No podían hacer nada más, pero fueron proactivas, hicieron lo que estaba en sus manos: oraron, pidieron a Dios que viniera en ayuda de ellas y de este pueblo.

¡Cuánto sufre una madre, una abuela! ¡Cuánto sufren los justos, los que buscan la justicia, los que no quieren hacer justicia por sus propias manos! ¡Cuánto sufren los honrados, cuánto sufren por no tirar la toalla y seguir adelante! El Salmo 34 habla de esto, pero todavía habla más: aunque haya injusticia, los injustos lo pagarán, más tarde o más temprano, nada se queda sin pagar y toda injusticia tiene que ser reparada por la justicia; ahí el justo encuentra una esperanza.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.