Los Salmos y la Corrupción

UN MOMENTO
Mons. Ramón Benito De La Rosa y Carpio

Siguiendo esta temática que queremos seguir cada semana, volvamos la mirada esta vez al salmo 34, sus versículos 20 y 23.

En estos versículos, nosotros encontramos esta afi rmación: “al malvado, le da muerte su propia maldad”; “los que odian al justo serán juzgados y la pagarán y nada habrán de pagar los que se acogen a la justicia”.

Es una afi rmación muy tajante, muy clara: a los corruptos, como a todo malvado, lo mata su propia corrupción y su propia maldad.

Parece mentira, pero es así, su conciencia no los deja vivir, no solamente eso, los mismos pueblos, la sociedad, hasta sus familiares, saben que son corruptos, con razón se le llama corrupción, como una manzana, un mango podrido, se pudre, queda muerta su propia maldad. Una frase muy sencilla, pero también muy profunda.

Este versículo de este salmo, nos habla de una realidad que se puede ver desde el punto de vista religioso, pero véase desde el punto de vista simplemente histórico: basta abrir los ojos, mirar alrededor y ver cómo la maldad mata al malvado, cómo la corrupción mata al corrupto; basta abrir también los ojos ante la historia sin siquiera recurrir a los textos de la Biblia para ver esa realidad; basta que los historiadores nos den datos de la historia para ver con toda certeza cómo la maldad misma mata al malvado y cómo la corrupción mata al corrupto, porque es corrupción.

Hasta mañana, si Dios,
usted y yo lo queremos.

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