Los Salmos y la Corrupción

UN MOMENTO
Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

Hoy quiero invitarlos -todos los que puedan- a que vuelvan su mirada al salmo 53.

Es una invitación que les hago de corazón. Recuerden que se lo digo a los que son creyentes: vuelvan la mirada sobre ese salmo. Si no son creyentes, vuelvan al salmo 53 como parte de la literatura universal, como muchos, que leen la Biblia porque es un libro que tiene muchas enseñanzas seculares importantes, tanto para los que somos creyentes como para los que no lo son.

Por ejemplo, el salmo 53 toma el tema de aquel que ha sacado a Dios y a los valores de Dios de su vida. Dicen: no existe Dios, y cuando dicen no existe Dios, están diciendo “lo único que existe es el dinero”.

Todo aquel que dice “mis cuartos son mis cuartos y aquí lo único que vale es el dinero, que es el poder, y eso es lo que manda”, pues está corrompido. El salmo los llama pervertidos, no hay quien haga el bien. Ese salmo invita a que nosotros nos comparemos y veamos quienes somos.

Aquel que saca los valores, y lo estoy repitiendo, de su vida, está diciendo que es un corrupto, porque los valores son los que te ayudan y lo ponen todo en orden.

El salmo 53 es una afirmación de que uno se descarría cuando pone otros valores en primera línea: aquellos para los cuales, repito, sus únicos valores son el dinero, el sexo y el poder. Si no están corrompidos, están en camino de corromperse.

En la familia hay que educar para poner valores, los valores de Dios. Que se pongan esos valores, porque el que no lo hace así, se pudre, literalmente se pudre; apesta y hace daño a él mismo, a su alrededor y a su descendencia.

Recordemos que todo lo podrido desaparece, se muere y se tira a la basura, y todo lo que se corrompe será tirado al zafacón, al basurero de la historia. Aprendamos también esa lección.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *