Libertad religiosa.

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

Algo que siempre me ha impresionado y no lo puedo negar es el don de la libertad. Lo puedo presentar como ciencia humana y desde el punto de vista de la historia, así como desde el punto de vista religioso y bíblico: me impresiona cómo Dios le ha dado al ser humano la capacidad de la libertad y nos ha hecho absolutamente libres. Dios nos dice lo que tenemos que hacer, pero no nos tiene como un robot. Nos dice lo que tenemos que hacer y evidentemente con las consecuencias de lo que nosotros hemos hecho. Podemos hablar de muchas libertades: necesitamos la libertad de expresión, una de las libertades de las que más se habla; libertad de viajar; libertad de podernos expresar, y la estoy repitiendo; y la libertad religiosa también. ¿Pero dónde llega mi libertad? Mi libertad llega hasta donde comienza la del otro; hay que respetar la libertad del otro, la diferencia, el disentir.

Es una pena que entre los políticos no se respetan las libertades maltratan entre ellos y hasta se matan por las ideas propias, y en la parte religiosa también pasa lo mismo, en la parte de la comunicación también. Dolorosamente sufrimos muertes de periodistas porque se expresan y dicen sus ideas: al contrario no le gusta y lo que hace es eliminarlos. La libertad religiosa pide que yo respete la libertad del otro; la libertad de comunicación también pide que yo respete la libertad del otro. Al comunicarme, he de respetar al otro, no puedo insultarlo, no puedo andar condenándole, es la libertad, somos libres, pero también la libertad tiene un límite: la libertad del otro, los derechos del otro. Mis derechos terminan donde comienzan los derechos del otro. Todavía la humanidad tiene que aprender en ese sentido, y cuántas veces los sentimientos, las ideas nos traicionan.

La libertad -en todos los sentidos- merece respeto, y si alguien piensa distinto de mí, no tengo yo porque maltratarlo, ni insultarlo, ni matarlo.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.