Las riquezas y la ética.

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

Si nosotros hablamos de las riquezas, hay que decir que las riquezas en sí mismas no son malas; son buenas, son útiles, son necesarias. Es importante sin embargo sí volver a recordar frente a las riquezas, que las riquezas hay que crearlas, edificarlas, con ética, con valores.

Todo aquel que  levanta  una riqueza -lo hemos repetido y lo repetiremos-, sobre valores que no son éticos, lo hace abusando de los demás, explotando a los obreros, haciendo esclavos de los seres humanos. Es una riqueza que se llama mal habida, no es ética, no es moral.

Si nosotros hacemos de las riquezas un instrumento de poder para aplastar; si la riqueza se vuelve la única tarea -el acumular riquezas-, entonces no es que la riqueza sea mala, lo que es malo es el método y el fin que se le da a la riqueza.

Es necesario que se produzcan riquezas para poder sostener la familia, para poder sostener los pueblos; es necesario que se produzcan riquezas, para que los más pobres se puedan ayudar, para que los países progresen.

Por eso, repitamos una vez más: sí, produzcamos riquezas, produzca riquezas, pero que sean riquezas producidas éticamente y administradas y llevadas éticamente, como debe ser.

Se sabe que cuesta mucho, porque cuando se tiene un poco de riqueza, nace la ambición del poder, de aplastar, de querer multiplicar las riquezas, de querer engañar.

Recordemos: las riquezas son buenas en sí mismas, pero han de ser éticamente producidas y éticamente administradas.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.