La juventud.

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

Retomemos de nuevo el tema de la juventud.

Estamos todavía muy cercanos a la Jornada Mundial de la Juventud -que es ponerla sobre el tapete dentro de la Iglesia-, el sínodo de los jóvenes, así como el papa Francisco, que se encuentra con los jóvenes.

Es volver a darle importancia a ese lugar que tienen los jóvenes. Nosotros, en el Día Nacional de la Juventud, estamos proclamando la importancia que tienen los jóvenes. La carta pastoral de los obispos dominicanos, la de enero, está dedicada al tema de la juventud, y es muy importante que nosotros lo retomemos con ese sentido, hondo y profundo, de que los jóvenes siempre significan el futuro de un país.

Lo hemos dicho tantas veces: cuando la juventud anda mal, el país anda mal y está en decadencia, no se puede negar. Hemos de decir también que no todo lo que se dice que es moderno es moderno: puede significar un atraso y puede significar también que no se está caminando por el camino correcto, que son desviaciones.

Pero pensemos una vez más en la juventud. Los signos que hemos tenido en estos días con la Jornada Mundial de la Juventud, con las actividades de los jóvenes en la República Dominicana, nos están hablando de una juventud que está presente y que está viva con sus mejores valores.

Tenemos que repetirlo una y otra vez: hemos de echar una nueva mirada. Volver a decir: no todo está perdido. Encontramos ciertamente gente muy negativa que piensa que la juventud de hoy no sirve, y no es así, tenemos signos y señales de que hay muchos jóvenes muy buenos. Evidentemente hay jóvenes muy negativos, porque no hacen lo que tienen que hacer o no piensan lo que tienen que hacer. Hay familias que no le están dando la educación adecuada, el ambiente no les ayuda siempre, pero no podemos decir que nuestra juventud está mal o perdida.

Tenemos signos de esperanza que han estado muy presentes en este mes de enero y los encuentros de jóvenes nos los recuerdan.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.