La indiferencia.

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

Repitamos esta frase, que es un twitter o un aforismo o cualquier otra apelación que se le quiera dar: “Cuando somos indiferentes a los males que nos afectan, entonces ya no somos ni buenos seres humanos, ni buenos cristianos, ni buenos dominicanos”.

La indiferencia. Cuando una persona dice: A mí no me importan los males de los demás, está siendo indiferente, porque a todos nos interesa lo que le pase a los demás.

Siempre recuerdo aquel tema que se puso popular cuando los judíos fueron perseguidos y murieron más de seis millones de judíos. Mucha gente decía: “eso es un problema de los judíos, a mí no me interesa”. Después esa violación, esa represión que se hacía contra los judíos se volvió contra todos aquellos que decían eso. Lo mismo que pueden decir hoy día: “La violencia a mí no me importa, porque no me afecta”, pero tocará tus puertas. Toca la puerta de todos: no podemos ser indiferentes.

Es importante: Uno no puede decir “eso no me importa, eso no me tocará a mí”. Actuando así no somos buenos seres humanos, ya que el ser humano se interesa por los demás; ni buenos cristianos, porque Cristo se interesa por las cosas de los demás; ni buenos dominicanos.

Entonces, para ser buenos en la vida, no debe uno ser indiferente. Puede ser que uno no pueda hacer nada, pero no quiere decir que sea un indiferente. La indiferencia no es buena compañera de la vida.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.