El que cierra los oídos al pobre…

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

La sabiduría vieja y nueva nos enseña que el que cierra sus oídos al clamor del pobre no le irá bien.

Esa sabiduría, que es antigua y que es nueva y será siempre actual, la trae el libro de los proverbios, del Antiguo Testamento, capítulo 21, versículo 13, cuando dice: “Quien cierra los oídos a la súplica del débil, clamará también él y no hallará respuesta”. O esta otra frase del apóstol san Pablo, en el Nuevo Testamento: “El que tiene misericordia con los demás, él mismo alcanzará misericordia; el que no tiene piedad, con él no se tendrá piedad,” y hay tantas historias en la vida, hay tantas narraciones, que podemos encontrar aquí y allá que nos enseñan esa verdad; incluso, hay que abrir los ojos y los oídos a la experiencia actual.

Cuando una persona es dura con los demás, los demás serán duros con ella; el que se acerca al pobre y le ayuda en cualquiera de sus necesidades y lo oye, él mismo, cuando esté en necesidad, lo oirán, y nadie puede decir: yo no tendré necesidad, porque todos tenemos necesidades. El que tiene muchas riquezas también se enferma y encontrará el médico -al que nunca podrá pagarle con sus riquezas- que le facilitará lo que él necesita, lo que él busca y lo que él quiere.

Por eso, cuando nosotros ayudamos al débil nos estamos preparando para cuando entremos en la debilidad y necesitemos que nos den apoyo, quien quiera que sea. Hay mucha gente que son poderosas o que tienen riquezas, pero no son ricos, porque necesitan siempre de la ayuda de los otros y las riquezas no le podrán pagar lo que él necesita en su momento de debilidad.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.