Duarte y la Altagracia.

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

En verdad que el mes de enero en la República Dominicana es un mes en el que nosotros encontramos una serie de valores.

Los primeros días de enero nos van hablar de la Navidad, con todo lo que es la Navidad, pero también el mes de enero nos trae a la memoria la figura de la Altagracia y nos trae la figura de Duarte: por eso el mes de enero podríamos nosotros dedicarlo a tantas reflexiones útiles. Además, el mes de enero es el primer mes del año, que también nos invita a mirar el año que estamos comenzando, para hacerlo como deseamos en las navidades: que sea un año próspero.

Hoy, en la Altagracia, yo quiero recordar este tema: Duarte y la Altagracia en el mes de enero. No olvidemos nunca que la madre de Duarte vivía en el Seibo, en la provincia, un municipio cercano a Higüey.

Los seibanos, durante siglos, durante décadas, han viajado en peregrinación desde Higüey, desde el Seibo a Higüey, y sobre todo los sábados primero. Así que la mamá de Duarte, doña Manuela Díez -tenemos que decirlo mucho-, era una devota de la Altagracia, y a Duarte le dio una medalla de la Altagracia.

Monseñor de Meriño es el testigo de cómo Duarte llevó esa medalla de la Altagracia por todas partes y en Venezuela -adonde fue desterrado-, se la entregó a monseñor de Meriño, que estaba también desterrado allá en Venezuela; monseñor de Meriño la tuvo, se la regaló a alguien y se desaparece en la memoria.

Con esto, yo quiero decir que al nosotros recordar la Altagracia, estamos recordando que nuestro patricio, Duarte, tenía un amor especial a la Altagracia. Nosotros también seguimos ese mismo amor y podemos decir que vamos detrás de las huellas de la mamá de Duarte, que educó a su hijo en el amor a la Altagracia. Nosotros mismos -cuando amamos a la Altagracia-, estamos dentro de los amores que tuvo Duarte. Su amor a la Altagracia se lo llevó en una imagen que siempre tuvo consigo.

Agradezcamos a la mamá de Duarte y al mismo Duarte este testimonio que nos dieron de su relación con la Altagracia.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.