Duarte: un laico católico-político.

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

Quiero volver a recoger esta temática dolorosa, porque en la República Dominicana, con tristeza, cuando se habla de políticos, no se ven a los políticos que llevan adelante a ese poder como un bien común.

Dolorosamente, para muchos la palabra político es igual a corrupto, a alguien que accede al poder para enriquecerse, y de tal manera es así que muchos jóvenes no quieren entrar en la política por esa imagen que tiene. Sin embargo, Duarte era un político, no se puede negar, y un político inspirado en valores.

Hay personas que llevan una vida religiosa y si alguien entra en la política le dicen: “¿Vas a entrar ahí? Te vas a corromper, te vas a dañar…”.

Todo lo contrario. Aquel que tiene valores, aquel que se sienta religioso, con valores, debe entrar en la política. Una cosa es como sacerdote –yo no debo entrar en la política partidista–, pero debo dar orientaciones políticas; como sacerdote, yo tengo que ser un signo de la unidad.

Que a mi asamblea asistan políticos de todos los partidos que sean. Que haya convergencia de políticos diferentes: los laicos deben tener ese compromiso.

Duarte lo hizo, y lo hizo para el bien común. Su concepto de la política, ¡qué hermoso, qué grande es! La política es para el bien común, la política no es personal.

Aprendamos esas lecciones, volvamos la mirada a los mejores políticos que hemos tenido en la historia –comenzando por Duarte–, y a aquellos que no lo han hecho, que son sombras negativas en nuestra historia, despejemos esas sombras, dejémoslas al lado del camino; están al lado del camino, no pasarán a la historia, se quedan fuera.

Que nos inspiren aquellos hombres que como Duarte fueron auténticos políticos para el bien común y honrados, como debían ser.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.