Discreción.

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

 Volvamos sobre ese principio rector de la vida, de la vida familiar, de la vida de relación entre los seres humanos, pero lo aplicamos a la vida pública.

La discreción  genera confianza en los demás, cultivando un elenco de valores éticos y morales -como la moderación o mesura-, capaces de fundamentar el tacto correspondiente a la hora de hablar, actuar y emitir opiniones.

Una persona indiscreta ¡cuánto mal hace en la familia!. Hace mal en las instituciones públicas y en las empresas; una persona indiscreta daña la vida pública. Por eso, la discreción es un principio rector de la vida, y de la vida política también.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.