Día del servidor público.

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

De nuevo vamos a relacionar al servidor público, –aquellos que están en la vida pública, en cualquier dimensión que sea–, vamos a relacionarlos con Duarte.

Duarte era un comerciante, hijo de comerciantes, por lo tanto Duarte tenía riquezas. Duarte pudo -cuando hizo aquel viaje famoso- haberse quedado en Estados Unidos, en España, en Barcelona, en Inglaterra o en cualquier otro sitio, porque tenía posibilidades económicas, pero Duarte se convirtió de comerciante próspero -porque su papá era eso-, en un ministro, en un servidor público.

Es muy hermosa esa vida de los Duarte-Díez, de esa familia que supo producir dinero, sabía producir dinero, pero supieron producir dinero para el bien de su país. Por eso esa familia permanece y es recordada, no solamente Juan Pablo Duarte, sino su papá, su hermano Vicente, su hermana Rosa y todos ellos, porque hicieron un servicio.

Invitemos a todos aquellos que producen riquezas, a todos aquellos que producen algún bien, que puedan llegar a tener ese corazón desprendido de la familia Duarte-Díez, que supo hacer de sus bienes y de sus riquezas un servicio, un bien de la patria. Una cosa no quita la otra: la política no es para hacerse más ricos, sino al revés: aquel que es emprendedor -como la familia Duarte-Díez-, puede hacer de sus riquezas un servicio público, un ministerio.

Hoy, el ministro o servidor público ha de aprender la lección: ¡Eres ministro no para enriquecerte, sino tus riquezas son para ponerlas al servicio de los demás, como lo hizo la familia Duarte-Díez!

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.