Día del Maestro y de la Maestra de Escuela

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

En realidad, celebramos este día el 30 de junio, pero en la víspera de esta celebración queremos volver sobre esto.

Nosotros sabemos que los padres -papá y mamá- son fundamentales en la educación, en el crecimiento, en la madurez de un niño o de una niña, de un joven o de una joven; una segunda persona importantísima es el maestro y la maestra, pero necesita tener vocación de padre y vocación de maestro.

La vocación del maestro es un ideal, es una meta; nosotros sabemos que hay maestros que no tienen esa vocación, que lo hacen como un medio de vivir. Nosotros sabemos que el maestro tiene hoy muchos obstáculos, muchas dificultades, no se puede negar, pero si este país hoy se distingue por su educación, es porque nosotros tuvimos educadores de la talla de Salomé Ureña y de la talla de muchísimas personas tales como Ercilia Pepín, en Santiago. Podemos citar muchos otros que se entregaron a educar a este pueblo y educaron a otros maestros.

Recordamos a esos maestros, y nosotros decimos, sí, es así. Podrán decir: pero esa gente no tuvo éxito porque no ganó dinero. Sin embargo, su éxito no estaba en el ganar dinero. Su éxito estaba en dejar a la sociedad esos legados de hombres y mujeres capaces. Maestro, puede ser que no sea reconocido con dinero, pero sí es reconocido por sus obras y se le dará gracias, el país se lo agradecerá.

En el Día del Maestro y de la Maestra, yo quiero agradecer a tantos maestros que generosamente trabajaron por mí; uno no es fruto de la casualidad, hay mucha gente detrás de uno.

Gracias maestros, gracias maestras, que vivieron con el sudor del trabajo del maestro, pero su labor no se reducía a un ganar el pan: también pensaban más allá de esto y buscaban la formación auténtica de sus alumnos y se lo reconocemos como maestros.

Maestros y maestras, ustedes tienen en sus manos el futuro de un país en muchos aspectos. ¡Gracias buenos maestros, buenas maestras! Por eso celebramos una fiesta en su honor.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

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