Día del Locutor

UN MOMENTO
Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

Hablemos del locutor como un ser que es cercano y amigo. Una vez me encontré con un locutor a quien no conocía, pero había oído tantas veces, lo tuteaba y le decía: Excúsame, es que tú eres una persona que entras a la casa, todo el mundo te conoce como si fueras un tú, y normalmente cuando se oía a un locutor, se le siente así, como alguien cercano a la familia.

Eso nos muestra a nosotros la importancia del locutor; eso nos muestra cómo la locución tiene su papel en la vida, pero también los locutores tienen que mirar su propio trabajo, su ética.

Una vez, y lo he repetido varias veces, vi a un padre de familia que estaba manejando y oyendo la radio. La apagó y le dijo a su hijo: yo no quiero que tú oigas a ese locutor, porque no quiero que veas una contradicción entre lo que te enseñan en la escuela y las palabras que usa ese locutor. Y es que también un locutor es un educador, y puede ser un mal educador y nosotros hemos de aprender a discernir; si antes había que hacerlo, hoy cada vez más hay que discernir entre locutores y locutores.

El locutor auténtico es un servidor, pero tenemos que ver como ese padre discernió y dijo: ese locutor no quiero que lo escuches hijo mío, porque no te vas a educar.

El muchacho, cuando sea grande, si lo desea libremente, que lo escuche, pero está formado de lo que debe ser en la ética.

¡Felicidades a los locutores que realizan su papel como un servicio, que lo realizan con alegría! ¡Que Dios los bendiga, locutores que viven la ética del locutor!

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

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