Cuento de Navidad 2018.

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

Para estas Navidades, siempre es mi costumbre escribir algo. He escrito este cuento que equivaldrá a mi tarjeta de Navidad.

“Había en América Latina un hombre que había aceptado sobornos de Odebrecht, que había escapado impune de los tribunales; se enteró de que el Divino Niño -como de costumbre en Navidad-, se paseaba por la ciudad y tenía inmensos deseos de conocerlo; en su niñez, su padre lo había abandonado y su madre no tenía recursos, no había recibido regalos en el día del nacimiento del Niño Dios, ni de los Reyes Magos, ni de San Nicolás, que es Santa Claus. Así que se apostó en una calle por donde iba a pasar el Niño, al verlo, Jesús le dijo como a Saqueo, que igualmente había recibido sobornos y era corrupto: “Hoy tengo que hospedarme en tu casa”. El hombre aquel lo recibió gozoso. Entonces todos, incluidos algunos discípulos del mismo Jesús, empezaron a criticarlo por las redes digitales y otros medios, diciendo que él se había ido a casa de un corrupto. Mientras conversaban sentados en la mesa, de repente abrió su corazón y se expresó así: “Voy a devolver en estas Navidades todo lo que he robado, me gustaría entregarlo al gobierno, a través de algunos de mis amigos, pero no confío en todos ellos, así que lo haré de la siguiente manera: a los pobres, a los sin casa, a los desvalidos, hogares de niños abandonados, adultos mayores, asilos, huérfanos o viudas, de modo incógnito, a través de fundaciones y patronatos, que serían como mis Reyes Magos, más aún, me vestiré como San Nicolás para repartirlo, como él, sin que sepan que soy yo. El Divino Niño pues dijo referente a él: “Hoy ha llegado la felicidad a esta casa y por primera vez celebrará la Navidad como se debe, porque también este hombre es hijo de Dios y yo he venido a salvar lo que estaba perdido y corrupto”.

Feliz Navidad pues a mis hermanos y amigos pecadores, pero no corruptos; feliz Navidad también para los corruptos que devuelven lo robado; feliz Navidad para los que comparten sus bienes producidos honradamente con los niños y otros necesitados, ellos serán su Divino Niño, sus Santos Reyes y su San Nicolás”.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.