Basilio y Gregorio: modelo de dos amigos

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

Quiero recoger hoy con ustedes la memoria de estos dos hombres que nacieron alrededor de hace 1,700 años -en los años 300-, y trascienden en la historia.

Trascienden en la historia porque fueron dos obispos, dos grandes predicadores, dos grandes mensajeros.

La Iglesia los recoge como doctores, es decir, los reconoce como unas mentes muy brillantes, con unas enseñanzas también muy brillantes.

El testimonio de ellos dos va más allá del obispo y más allá del doctor en ciencias de fe y en ciencias humanas como ellos son: nos dejaron el testimonio de dos amigos. Uno de ellos, Gregorio, nos dejó escrito lo siguiente: “Basilio y yo teníamos ambos una idéntica aspiración a la cultura, cosa que es la que más se presta a envidias.

Sin embargo, no existía entre nosotros tal envidia, aunque sí el incentivo de la emulación. Nuestra competición consistía no en obtener cada uno para sí el primer puesto, sino obtenerlo para el otro, pues cada uno consideraba la gloria de este como propia”.

¡Qué hermoso testimonio! El testimonio de lo que dejó escrito Gregorio es mucho más largo. Los amigos no son para envidiarse. Permítanme repetirlo: los amigos son para ayudarse, para estimularse. Gregorio estimulaba a Basilio y éste a Gregorio, y cada uno buscaba el primer puesto para el otro, y como dicen los dominicanos: no buscaban “serrucharse el palo” el uno al otro: por eso pudieron progresar tanto, porque la amistad los siguió apoyando.

Dichosos los que tienen amigos de ese tipo. Dichosos los que buscan ser amigos de esa manera: que en ninguna circunstancia se “serruchan el palo”, ni en el saber, ni en la universidad, ni en los negocios, ni en la política, sino amigos para ayudarse mutuamente.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.