Los dos abuelos

Un día cualquiera del mes de febrero del año 2018, en una visita al centro de comunicaciones de Santiago de los Caballeros, me recibió una joven que me saludó efusivamente y enseguida me dijo:

  • ¡Usted conoció a mi abuelo!

Le conteste:

  • ¡Claro que sí! Trabajaos juntos en los cursillos de cristiandad. Incluso fue a Higuey cuando estábamos relanzando este movimiento a fines de la década de los ‘70.

Y agregue:

  • En la manera entusiasta con la que te has referido a él, veo que te sientes muy orgullosa de él.

Me respondió:

  • Si, lo quiero mucho, lo admiro mucho, me siento muy orgullosa de él.

Ahí estaba también otra joven, a quien le lije:

  • Conocí igualmente a tu abuelo.

Me contesto:

  • Si, lo sé, lo quiero mucho, porque siempre fue cariñoso conmigo, pero no me siento orgullosa de él. Fue corrupto: puso otra mujer a mi abuela y era mujeriego. Además, robo al pueblo cuando trabajaba para el gobierno, la gente lo dice delante de mí y me da vergüenza.

Conclusión:

En todo, la vida lleva consigo un régimen de consecuencias para nuestras palabras y acciones. La vida cobra nuestros hechos, incluso más allá de la muerte.

†RAMÓN BENITO DE LA ROSA Y CARPIO
Arzobispo Emérito

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *