Las ideas son libres.

Estoy preso por anunciar a los pobres
una Buena Noticia, por proclamar la liberación
a los cautivos y devolver la vista a los ciegos
por dar la libertad a los oprimidos y anunciar
un año de gracia del Señor.

-¡Hola! Tú eres nuevo aquí. Me presento me llamo Beno.

-Mi nombre es Enmanuel.

-¿Has dicho que estás preso por anunciar, proclamar y liberar? Entonces, tú estás preso a causa de tu mensaje. Tú y tus ideas han sido encadenadas.

-No, mis ideas no están aquí. No han podido apresarlas. Andan por ahí, sueltas como el aire, como el viento, libres, llenándolo todo. Tal vez veamos pasar junto a nosotros en un periódico, en un libro o en una conversación. Pero volverán a salir de esta celda. Las ideas no se pueden sujetar detrás de los barrotes.

-Entonces, se han equivocado al apresarte a ti. Es a las ideas a quienes habría que apresar.

-Si, se han equivocado. Pero dicen que quiero implantar un nuevo sistema y una nueva civilización, la civilización del amor, y me han encerrado en esta mazmorra en la que peno y sufro.

Si estoy errado,
¿por qué golpean mi cuerpo?
¿por qué golpean mi alma?
¿por qué no golpean mis ideas
y entablan un pleito
de ideas contra ideas en lucha de iguales?
Mil cien veces han reenviado mi causa.
Veinte siglos de expedientes inventados.
Hoy me llaman “vulgar delincuente
de un crimen común”
y mañana “subversivo
agitador”.
Sin embargo, no es perpetuo mi dolor, no está gangrenada mi herida ni se ha hecho incurable mi mal.

Mi existencia está marcada por la liberación total.
Y yo no puedo morir ni cansarme.
Mi destino es un triunfo.
Cargo cadenas y canto victoria: mis ideas cobran cuerpo,
caminarán por las calles y serán realidad y las galaxias
verán un planeta de hombres libres.

En cada hombre yo nazco
en cada hombre yo espero
en cada hombre yo sufro
en cada fe yo soporto
en cada amor yo revivo
en cada luchador yo lucho
en cada mensajero, yo anuncio:

El Espíritu del Señor está sobre mí
porque me ha ungido
para anunciar a los pobres una Buena Noticia,
para proclamar la liberación a los cautivos,
y devolver la vista a los ciegos,
para dar la libertad a los oprimidos.
(Lucas 4,18-19

Mons. Ramón Benito de La Rosa y Carpio