Cabeza y corazón.

Antes de ganarle a una persona la cabeza hay que ganarle el corazón.

Nadie tiene derecho a corregir si no ama a la persona corregida. Quien corrige sin amar mata.

El que te ama de veras te corregirá y su corrección y su verdad será una muestra de amor. Dale las gracias.

El que te corrija sin amarte, te hará daño.

No se puede denunciar la corrupción de un pueblo o de un grupo si no se ama ese pueblo o ese grupo…

Las ideas no llegan a la cabeza y no se aceptan porque antes no pasaron por el corazón.

Más que de ideologías el problema de hoy es de corazón.

La verdad es una cosa de la cabeza: saber decirla es cosa del corazón. Hay verdades que sólo el corazón las puede decir y sólo el corazón las entiende.

Parece que algunos políticos no se aman entre sí porque se maltratan mucho al corregir uno al otro las actuaciones o los programas de gobierno. Usan más la cabeza que el corazón o no han aprendido a tratarse.

El amigo, antes de proclamar la dura verdad que le afecta al amigo, piensa en cómo decirla, porque no quiere ofender ni perder a un amigo. Entonces, el problema no nace por la obligación de cumplir un deber exigido por la fría lógica de la cabeza, sino por la exigencia calurosa del corazón.

Si los padres trataran a los hijos como amigos y viceversa, sus relaciones y sus palabras serían distintas.