Un solo rebaño y un solo Pastor I

Una de las metas del plan de Dios es la unidad de todos sus hijos en los niveles que les toque vivir a cada uno.

Así habrá unidad en la familia pequeña (padre, madre, hijos), en la familia larga (los de un mismo apellido, los descendientes de un mismo troco), los de un barrio, los de un mismo pueblo, los de una misma área geofísica, los de un continente, los pueblos ente sí. La humanidad, pues, envuelta en el plan de Dios.

Según la biblia, como una gran familia, la historia misma, aunque no se tenga en cuenta a la biblia, evoluciona hacia la integración y la unidad.

Un gran signo de la verdad buscada por Dios se ve en Pentecostés, donde el pueblo de Israel, quien recibió la le y los profetas, es llamado a unirse a todos los demás pueblos de la tierra, a los cuales llamaba “gentiles” o “paganos”.

De modo que ya no hay diferencia, como dice San Pablo, ente judío: “Paganos, libres o esclavos, hombres o mujeres, todos son iguales en dignidad ante Dios y a todos llegan los dones de Dios”.

Dejaremos el tema en una segunda entrega.

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