Mi café.

Si hay algo en la vida cotidiana dominicana que expresa de manera significativa “el compartir” es el tomar juntos el café, que se vierte de una cafetera común. Sin embargo, es igualmente una expresión común y cotidiana el llegar a la casa y de manera espontánea decir: “¿Dónde está mi café?” O “Voy a tomar mi cafecito”.

En esta expresión cultural hay una clara apropiación y un sentido de pertenencia.

El sentimiento de poseer algo da seguridad e identidad. Quizás, en la expresión “mi café” encontró el dominicano la posesión más segura, la que estaba más a su alcance. Y porque poseía “café” en todo momento podía compartirlo siempre con los demás. Por eso, aceptar un brindis de café es aceptar la persona, rechazarla implica un rechazo al ser humano mismo y a su condición.

Curiosamente, detrás de una taza de café esconde el dominicano al mismo tiempo el “mío” y el “nuestro”. Podría convertirse en el símbolo de lo que deberían ser todos los bienes de los dominicanos.