La corrupción

Dicho en 1999, como si fuera hoy 2018.

“La corrupción, frecuentemente presente entre las causas de la agobiante deuda externa, es un problema grave que debe ser considerado atentamente. La corrupción < sin guardar limites, afecta a las personas, a las estructuras públicas y privadas de poder y a las clases dirigentes >. Se trata de una situación que < favorece la impunidad y el enriquecimiento ilícito, la falta de confianza con respecto a las instituciones políticas, sobre todo en la administración, la justicia y en la inversión pública, no siempre clara, igual y eficaz para todos >.

A este propósito, deseo recordar cuanto escribí en el mensaje para la jornada mundial de la paz de 1998, que la lacra de la corrupción ha de ser denunciada y combatida con valentía por quienes detestan la autoridad y con la < colaboración generosa de todos los ciudadanos, sostenidos por una fuerte conciencia moral >.  Los adecuados organismos de control y la transparencia de las transacciones económicas y financieras previenen ulteriormente y evitan en muchos casos que se extienda la corrupción, cuyas consecuencias nefastas recaen principalmente sobre los más pobres y desvalidos.  Son además los pobres los primeros en sufrir los retrasos.  La ineficiencia, la ausencia de una defensa adecuada y las carencias estructurales, cuando la administración de la justicia es corrupta».

Joan Pablo II, Ecclesia In América 1999, #23.

Ramón Benito de la Rosa y Carpio.

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