Jesucristo y mi pluma.

Como escritor he puesto mi pluma al servicio de la Palabra. Ella ha sido fuente, medio y meta de mis trabajos literarios.

En éstos buscaba prestar un servicio a la verdad y proclamarla. Quería construir el bien y anunciarlo. Traté de escribir con belleza sobre la verdad y el bien.

Porque la verdad, el bien y la belleza, son tres características de las personas, las cosas y los hechos y pueden ser recogidas por la pluma separadamente o juntas. Si van unidas las tres, mucho mejor. Y aunque no se las una explícitamente siempre se descubrirán semillas de una u otra en el discurso de una obra: lo verdadero hace bien; el bien es verdad y embellece a las gentes; lo bello es parte de la verdad de los entes y hace bien.

Como escritor he puesto mi pluma al servicio de la Palabra, es decir, de Cristo. Él es la fuente, el medio y la meta de todos mis trabajos, sean literarios o de otro tipo.

Cristo, la Palabra, es verdadero, bueno y bello. Cuando yo hablo o escribo (porque no tengo otro objetivo sino lo verdadero, lo bueno y lo bello), siempre hablo y escribo a Cristo, aunque no cite su nombre, porque mi objetivo es Él.

Donde quiera que haya semillas de verdad, de bondad y de belleza, correré tras ella, es decir, correré hacia Cristo, correré hacia la Palabra y trataré de pronunciarla y ponerla por escrito.

Buscaré prestar un servicio a la verdad y proclamarla; me empeñaré en construir el bien y anunciarlo; estaré atento para captar la belleza cuando pase y escribirla, si es que puedo.  Si logro expresar la verdad y el bien, bellamente, tanto mejor. Entonces mis escritos recogerán mejor a Cristo, se parecerán más a Él y la Palabra será más completa y eficaz, porque será verdad, belleza y bien.