Un paso por mi familia.

Hna. Alicia Galíndez.

Los sentimientos se confunden entre alegría, satisfacción, amistad, comunión, unidad, relaciones humanas  y esperanza. Todavía siento el gozo de haber compartido con miles de familias que respondieron a la convocatoria de los obispos y del equipo de Pastoral Familiar,  para celebrar la fiesta de la familia, dando un paso hacia adelante y en cada paso, ¡que fueron muchos! desde la Catedral Santiago Apóstol el Mayor hasta el Parque Central, reafirmar el valor supremo de la vida desde la concepción y hasta su último instante; reconociendo que solo Dios es el creador, el dueño absoluto y Señor de la vida y más nadie tiene derecho a disponer de ella.

Nuestro lema es ¡Salvemos las dos vidas! Porque tan valiosa es la vida de la madre como la del niño que lleva en su vientre, aunque este ser humano sea pequeñito y necesite 37 semanas o más… para venir a este mundo.

Esas miles de familias que participaron, lo hicieron por iniciativa propia, en libertad y desinteresadamente, no les ofrecieron nada, no les regalaron nada y nadie los obligó, ellos mismos se sintieron motivados y tomaron la decisión de unirse a la celebración, llevando a sus seres más queridos y participando con alegría.

Agradecemos a Dios, Padre de bondad y misericordia quien en su infinito amor nos convocó a celebrar el domingo 18 de noviembre, ¡un paso por mi familia!, fortaleciendo lazos de fraternidad, propiciando el encuentro amistoso y familiar, donde niños, abuelos, papás, mamás, hermanos, tíos… vinieron de cerca y de lejos a demostrar que vale la pena ser familias, que todavía hay muchas familias constituidas según el proyecto de Dios, viviendo el sacramento del matrimonio en fidelidad por diez, veinte, treinta y hasta sesenta y cinco años. Demostrar que quieren vivir los verdaderos valores humanos y cristianos, de acuerdo a las enseñanzas del magisterio de la Iglesia, porque se sienten felices de su identidad de familias cristianas, comprometidas con la vida, la honestidad, el respeto, la paz y el amor.

La mayoría de los dominicanos son gente buena, gente de fe, arraigada en principios éticos, que no quieren vivir bajo el dominio de la cultura de la muerte y la violencia, sino respetando la vida con convicciones y motivados a participar activamente dando testimonio de que es posible formar hogares donde cada miembro tiene su lugar, donde se cuida y protege a los más vulnerables y necesitados. Estamos convencidos de que tenemos que hacer visible para evidenciar que no todo está perdido y que no todos somos delincuentes y mucho menos asesinos de niños, romper con ese círculo vicioso de propaganda negativa y destructiva de algunas instituciones, empresas y políticos que quieren quedarse con el negocio y el tráfico de vidas humanas y que promueven a través de los medios y las redes, malas costumbres, ofendiendo la dignidad de aquellos que vivimos con honradez y que apostamos por el respeto a la vida, a la familia y a la comunidad. ¡Bendice Señor las familias amén, bendice Señor la mía también!.