¡Posible o solo utopía!

A Santo Tomas Moro le debemos el término “utopía”, por su obra literaria que trata de una isla desconocida donde se lleva adelante una organización ideal de la sociedad, donde todo funciona con independencia de poderes, respeto a las leyes, justicia, honradez, etc.

Algunas veces cuando creemos que algo no se puede realizar decimos que es utópico, lo cierto es que tanto en el siglo XVI, época de Tomas Moro, como en la actualidad solemos reducir su significado a algo imposible de realizar, que solo existe en la mente de las personas y qué jamás será posible.

El diccionario la define como “un plan o sistema ideal de gobierno en el que se concibe una sociedad perfecta y justa, donde todo discurre sin conflictos y en armonía”, si lo tomamos literalmente es imposible que no hayan conflictos en las relaciones humanas y menos sociales, tampoco cabe la perfección en lo humano, solo reside en Dios. Pero, me apasiona soñar y deseo con todo el corazón una sociedad mejor, justa, honrada, respetuosa, inclusiva, limpia, habitable y fraterna. Ese anhelo me atrae poderosamente.

Me levanto cada mañana con la misma inspiración y dedico cada respiración, sonrisa y acción para que sea posible, porque creo en las promesas de Dios, creo en Jesús y en su evangelio, cuando nos invita a construir el Reino de Dios y su justicia, cuando dice que el Reino ya está en medio de nosotros pero que todavía falta. La Cuaresma iniciada este miércoles de ceniza, me inspira mucho más, porque es un tiempo de preparación a la Pascua, en la que hemos iniciamos un camino, un itinerario de vida entregada y empeñada en ser mejores personas.

Claro, lo que no es posible es construirlo sola, tenemos que sumar, unir fuerzas y corazones para darle un rostro humano a nuestras comunidades, para mirar al otro a los ojos y sentirlo semejante aunque sea diferente. Se necesita voluntad política de parte de los gobernantes y de los ciudadanos que con constancia, empeño, esfuerzo y trabajo cotidiano, conozcamos nuestros derechos para hacerlos respetar, asumamos nuestros deberes para dar ejemplo en todos los ámbitos: en la familia, porque cuanto se necesita a papá y a mamá para que eduquen de verdad a sus hijos, en todas las etapas de la vida, desde que nacen y por lo menos hasta la mayoría de edad; en las escuelas para que refuercen la educación familiar, en la Iglesia para que vele y apoye a la familia y a la escuela, aportando valores espirituales que sostengan el edificio.

En fin, esta Cuaresma es una gran oportunidad para mirarnos, hacer examen de conciencia y convertir nuestro estilo de vida orientada a construir una mejor sociedad que sí es posible, porque somos perfectibles y Dios camina con nosotros. Jamás darnos por vencidos, porque nuestra identidad de hijos de Dios, hechos a su imagen y semejanza nos mueve a ser hermanos, que viven el testimonio de la solidaridad, de la entrega y de la oración, en el servicio y la caridad. No es una utopía, sí, es posible, ¿queremos hacerlo?