Pasar del like a acoger la verdad.

El próximo domingo celebramos la 53ava. Jornada Mundial de las Comunicaciones, con el lema: «“Somos miembros unos de otros” (Ef 4,25). De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana».

Para nadie es un secreto los cambios que ha sufrido la forma de relacionarnos en la última década con el surgimiento de las redes sociales. Hasta la política ha sido impactada por estas tecnologías, aprovechando la inmediatez que Twitter ofrece para fijar posiciones ante los electores.

Nuestra experiencia dice que las redes sociales predicen gustos e intereses y, ante estos, ofrece un catálogo “a la carta” de preferencias. Y cada nuevo “like”, o cualquier otra forma de aprobación, termina reforzando lo que, poco a poco, va siendo más obvio: mi perfil en las redes sociales habla de lo que ME gusta, ME disgusta, MIS éxitos, MIS disgustos…Un universo creado solo alrededor de mí. Más los contenidos que compartimos, los comentarios, las fotos… Al final, la imagen de mí que muestro a los demás es una imagen manipulada. Al extremo de retocar las fotos porque las reales no son tan “bonitas”.

Las redes sociales terminan siendo un ambiente construido a la propia medida, excluyendo toda posibilidad que lo altere. En ellas nos mostramos siempre “más” que en el mundo real: más bonito, más exitoso, más fuerte o, en su defecto, más deprimido, más débil, más necesitado. Estas tecnologías, diseñadas para la comunicación, terminan siendo una vasta vitrina donde cada uno de nosotros exhibe su ego, defendiéndonos de los demás, creyendo solo en nosotros y en lo que nos atrae, sin más.

Muchas personas dicen que la fe es “creer en algo”. Pero los cristianos sabemos que la fe es creer en Alguien. Pues la fe es relación. Es el encuentro con el Otro que es Dios. Un encuentro que es mediado, es decir, utiliza un puente. Este puente son los otros. Las personas que nos rodean. Nuestros hermanos.         

Las redes nacieron para alimentar la fe entre las personas, para vincularnos, para relacionarnos. No para hacer pequeños universos paralelos, donde el único rey y señor sea tu pequeño ego. Dice el Papa: “Si se usa la red como prolongación o como espera de ese encuentro, entonces no se traiciona a sí misma y sigue siendo un recurso para la comunión. Si una familia usa la red para estar más conectada y luego se encuentra en la mesa y se mira a los ojos, entonces es un recurso… Si la red me proporciona la ocasión para acercarme a historias y experiencias de belleza o de sufrimiento físicamente lejanas de mí, para rezar juntos y buscar juntos el bien en el redescubrimiento de lo que nos une, entonces es un recurso”.

Revisa el uso que haces de tus redes. ¿Sirven al encuentro o solo refuerzan en ti la imagen ideal que deseas? Que sean para el encuentro, no para el aislamiento. No para el like sino para la verdad que se construye de acogida y diálogo, abiertos a la diversidad.