Pacto global por Venezuela.

La situación de Venezuela constituye una real tragedia y lo peor es que no se vislumbra una salida que le ponga fin a esa penosa realidad, donde parece que la vida humana no tiene viabilidad.

La nación venezolana ha quebrado, y políticamente ha sido afectada por la ilegitimidad de sus instituciones y autoridades, al tiempo que la ineficiencia del Estado y su economía han alcanzado tal magnitud que el sistema institucional ha colapsado y camina sin ninguna capacidad para responder a las mínimas y más elementales necesidades de la población. 

De ese modo Venezuela es un típico caso donde el sistema político carece de legitimidad y de eficiencia, las dos condiciones de la estabilidad de un régimen político. Por eso la cotidianidad de Venezuela se caracteriza por un pueblo cada vez más irritado y violento, que se manifiesta en las calles en contra de la situación atribuida al mal gobierno, mientras otra parte cada vez más reducida también se manifiesta a favor de su “revolución bolivariana” y en contra de las fuerzas locales e internacionales que responden a los designios del Imperio.

Esa cotidianidad ha llegado a tal dramatismo trágico que hace que muchos crean inevitable una salida violenta en la que se verían envueltas las fuerzas enfrentadas, apoyadas por las fuerzas militares de intervención encabezadas por Rusia, EE.UU y China, potencias mundiales con fuertes incidencias e intereses encontrados en la geopolítica venezolana.

La incidencia de esas tres potencias globales en el conflicto, hace más compleja la situación venezolana, complicando la salida a la crisis, al tiempo de empantanar el drama humano y prolongar el sufrimiento de una población que tiene que recurrir a la emigración en masa o al sacrificio derivado de la precariedad. La salida militar no es deseable ni para los venezolanos ni para la comunidad internacional, la cual podría ser impactada por la conflagración regional de ese conflicto.

Quienes temen a una salida militar y violenta de graves consecuencias, se inclinan por la búsqueda de una salida pacífica y concertada, donde se acuerden entre las partes las condiciones de un pacto que viabilice  la celebración de elecciones, supervisadas por la comunidad internacional, y cuyos resultados permitan restablecer la legitimidad de las instituciones del Estado y de las autoridades electas con transparencia. 

A partir de ese proceso de restablecimiento de la democracia electoral, el Estado deberá concentrarse en reconstituir su eficiencia, que permita dar respuestas efectivas a las necesidades económicas de una población castigada por el fracaso económico de la gestión. Para esto se requiere recomponer las agencias del Estado que ofrecen servicios y gestionan empresas públicas como las petroleras, al tiempo que se le ponga fin al bloqueo y embargo internacional en contra del gobierno de Venezuela, factor decisivo que junto a la incapacidad de la gestión del modelo socialista, han asfixiado la economía venezolana creando una crisis humanitaria.  

Una salida de este tipo no podrá surgir con facilidad, si la misma no se negocia entre las partes venezolanas, conjuntamente con los representantes de las potencias globales que concurren en el conflicto.

¡La solución venezolana exige de un Pacto Global!