Nuestros obispos y los jóvenes.

En sintonía con las líneas pastorales del papa Francisco, y con motivo de la celebración de la Solemnidad de Nuestra Señora de la Altagracia, la Conferencia del Episcopado Dominicano, nos ha dirigido, la Carta Pastoral de este año 2019, titulada: “Escuchar y acompañar a los jóvenes en un proceso de discernimiento”. El documento nos ofrece acertadas claves para la evangelización de los jóvenes. Contiene cuatro partes, una introducción y una conclusión, esbozado en sesenta números.

La juventud, así lo define el documento,- es una fase de la vida que cada generación reinterpreta de un modo único e irrepetible, se caracteriza, la juventud por ser un tiempo privilegiado en la cual la persona toma decisiones que determinan su identidad y el curso de su existencia, quiere “ser alguien” en la vida, “ser un aporte para la sociedad” y “dejar un legado” a  las generaciones venideras.

La tarea de escuchar con atención a los jóvenes exige un ejercicio cotidiano. La juventud tiene hoy en día diversas formas de comunicarse. Nos encontramos con unos jóvenes más tecnológicos, arrastran lo bueno y lo malo de su historia familiar, pues no hay familias perfectas. Además de contar con unos padres responsables, le compete al Estado Dominicano y otras instituciones, brindarles el apoyo necesario para que los jóvenes logren una buena formación.

Ante la incertidumbre en la fe y en la toma de decisión por una opción de vida, nuestros obispos,  ofrecen tres herramientas necesarias para que el joven pueda descubrir su auténtica vocación y así alcanzar su realización personal. Tres pasos son fundamentales: escuchar, discernir y acompañar.

Se hará mucho bien si la juventud encuentra en su caminar, adultos e instituciones que los escuchen, reflexionen con él y les acompañen en las metas que se ha forjado en la vida.

Escuchar significa prestar la debida atención, con ánimo de comprender, valorar y respetar, la palabra del otro. Es quitarse las sandalias en el “terreno sagrado” del encuentro con el otro que me habla (cf. Ex 3,5). Ser sensible a la cultura y el lenguaje de ellos. Los adultos hemos de ejercitarnos en el arte de escuchar.

Ellos piden ser acogidos como son, pues arrastran lo positivo y lo adverso de su entorno familiar. El segundo paso es el discernimiento, término clásico que se aplica a una pluralidad de situaciones. Se distinguen tres tipos de discernimiento de acuerdo con su objetivo: “Un discernimiento de los signos de los tiempos, que apunta a reconocer la presencia y acción del Espíritu en la historia; un discernimiento moral, que distingue lo que es bueno de lo que es malo; un discernimiento espiritual, que tiene como objetivo reconocer la tentación para rechazarla y, en su lugar, seguir el camino de la plenitud de la vida.

Los padres juegan un rol muy importante en el discernimiento vocacional en la vida  de sus hijos. La familia es fundamental, pues los padres acompañan, orientan, guíen, transmiten valores y creencias, y los educan a sus hijos en la fe. Todos los jóvenes sin excepción tienen derecho a ser acompañados en su camino, es un deber eclesial y un derecho de cada joven. Mientras le acompañamos podemos proponer, corregir y ayudar, pero sin emitir juicio, sin ceder a fatalismos o pusilanimidad. Estamos llamados a formar conciencias, no debemos pretender sustituirlas.

Nuestros pastores están dispuestos a promover espacios para la creatividad juvenil, en los campos como la ciencia, la poesía y la literatura, la música y el deporte, el mundo digital y de los medios de comunicación, para que puedan descubrir sus talentos y ponerlos al servicio del bien común. Les invito a leer esta valiosa Carta Pastoral.

El autor es, Juez del Tribunal Eclesiástico.