La ironía en la proximidad de la Navidad.

Hace unos días leí una frase por WhatsApp que me llamó a la atención, la cual decía, “el dominicano deja todo para último, menos la navidad”. Me pareció curiosa y a la vez chistosa dicha expresión, porque en el fondo esconde una gran verdad y a la vez algunas cuestionantes, que valen la pena exponerlas. Por ejemplo, ¿por qué sucede esto?, ¿qué significado tiene la navidad para el pueblo dominicano?, ¿qué oculta esta frase jocosa y llamativa?

Hay que decir de antemano que para el común de los mortales, se adelantan a la navidad por razones, tales como, “iniciamos la navidad en octubre para disfrutarla más”, “porque se ven bonitos los bombillitos de navidad”, “las luces reflejan paz y armonía”, “porque así nos olvidamos de los problemas y contrariedades de la vida”, “porque todo el mundo lo hace y no nos queremos quedar atrás”. Pueden que aparecen otras razones pero estas son las más frecuentes. Pero partiendo de las mencionadas, podemos afirmar en concreto, que la gente común tiende a ver la navidad como una forma de botar el golpe, de salir del estrés de lo cotidiano y como un calmante ante las vivencias trágicas del día a día.

Sin embargo, parece una ironía esta actitud, porque la finalidad de la navidad no es para escapar de la realidad en la que se vive, tampoco es para refugiarse en fiestas y en unos momentos alegres para olvidar e ignorar las situaciones amargas por la cual se debe enfrentar en los distintos ambientes de la vida. En otras palabras, para muchos la navidad es un escudo, un esconderse para olvidarse de los robos, de los atracos; de la inseguridad social, de la corrupción y del caos en el que se encuentra nuestro país.

Ahora bien, siendo objetivo, navidad no es pasar un rato ni mucho menos es maquillar la realidad para sentirnos bien por fuera, mientras todo continúa igual por dentro. La navidad es reflexión, es preparación en un tiempo muy especial, que la Iglesia llama adviento, que significa “llegada”. Pero no cualquier llegada, sino la del Hijo de Dios, que siendo rico se hizo pobre. Y en palabra de Jesús Adrián Romero, en un poema titulado, “Dicen por ahí que Dios se ha vuelto loco”, es la espera de un aquel, “que se hizo un niño pobre y que creció en el barro como tú y yo”.

Es una pura ironía la vida en el contexto presente, porque mientras las luces de los bombillitos se prenden y apagan, muchas personas se quedan huecas y vacías por dentro. Mientras las empresas reparten el doble suelto y se les hacen una fiesta a los empleados, nuestra sociedad sigue dividida para conseguir proyectos humanos para todos. Por eso, es irónica la espera de la navidad de esta forma. Por eso, dada esta circunstancia todo debe ser cambiado a una auténtica navidad, donde no solo se sientan las luces del exterior sino la del corazón, y esperemos el nacimiento del salvador.