La Amazonía: el pulmón que se nos muere.

La Amazonía arde en llamas desde hace tres semanas. Algunos, citando a la NASA, indican que los incendios comenzaron en Bolivia y el viento lo fue propagando. Al parecer, con la venia del gobierno, algunos campesinos querían ampliar sus cultivos de coca. Y como para la naturaleza no existen fronteras, el fuego involucró extensas zonas de Paraguay y de Brasil. Otros aprovecharon la eventualidad y, por ejemplo, en Brasil se habla de aprovechar para sembrar soja…

La Amazonía es una selva particular. Vasta región de América del Sur, abarca 7 millones de km2 y ocho naciones. Sus raíces se hunden en los cimientos más antiguos del planeta. El norte del Amazonas jamás fue cubierto por el mar. Es el lugar más biodiverso del mundo: allí hay tribus y especies milenarias e, incluso, especies de flora y fauna que desconocemos. Es llamado el pulmón del mundo, pues absorbe toneladas de CO2 y aporta el 20% del oxígeno del planeta.

La Amazonía arde en un mar de intereses: si eliminan la selva habrá posibilidades para extraer sus minerales: oro, hierro, piedras preciosas, uranio, petróleo…. Algunos opinan que son muchos recursos abandonados y que es demasiada tierra para unas pocas etnias indígenas. Por eso se han atrevido a incendiarla –ya los científicos han indicado que las posibilidades de combustión espontánea en el Amazonas son nulas–. En Venezuela, el mismo gobierno se ha dado a la tarea de perseguir a las tribus indígenas de la zona –los waraos–  para extraer de las entrañas de la tierra el oro y el uranio, mientras contaminan los suelos y las aguas con plomo. “Más vale el interés que el amor”, reza un dicho. Y esto parece comprobarlo.

En realidad, son demasiados pocos cuidando la Amazonía. Desde cualquiera de sus fronteras, esta tragedia tiene como cómplices a sus propios mandatarios. Sí, esos que juraron “por Dios y la Constitución” defender los intereses de los ciudadanos.
Por demás, hay casualidades dolorosas. En febrero, el papa Francisco había convocado el Sínodo para el Amazonas, para reflexionar sobre el tema “Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. La reunión será del 6 al 27 de octubre 2019. Con este telón de fondo, ¡cuán sufrida será esta reflexión!
Nosotros estamos en una isla. “La Amazonía se quema… ¿pero eso nos afecta?”. ¡Claro! Porque esas emisiones de CO2, más temprano que tarde, envenenarán nuestro aire.

Y aunque la Amazonía nos queda lejos, igualmente nosotros, como dominicanos, tenemos una deuda grande con la madre naturaleza. Frente a nuestras costas existe una isla paralela de residuos plásticos. Nuestro trato a la naturaleza sigue siendo de predadores, de amos… no nos reconocemos “hermanos mayores” de lo creado, capaces de cuidar y preservar la vida. La mentalidad del “usa y bota” está fuertemente metida en nuestras mentes y prácticas. Una mentalidad así nos hace indiferentes, lejanos.

Una de las entradas a la Amazonía tiene un letrero que dice así: “Solamente cuando el último árbol esté muerto, el último río esté envenenado y el último pez esté atrapado, entenderemos que no se puede comer dinero”.