Jesucristo, Rey del vientre materno.

Ha sido significativo y motivador la marcha, “Un Paso por mi Familia: Salvemos las dos vidas”. A propósito de ciertos sectores que propugnan por la despenalización del aborto. No han cesado en sus intenciones torcidas. Su tozuda cerrazón es persistente, y han olvidado que si hoy nos palpita el corazón y disfrutamos de la belleza de la creación, ha sido por la protección de la madre.

Monseñor Freddy Bretón, arzobispo metropolitano de Santiago de los Caballeros, en su elocuente homilía, manifestaba a los presentes, “que si hoy estamos aquí recorriendo el camino de la vida, ha sido porque nuestras madres y nuestros padres fueron los servidores de Dios; no se les ocurrió aniquilarnos en el vientre materno, sino que nos protegieron celosamente desde el misterioso inicio, hasta que salimos a la luz de este mundo, y aun después…”

El nacimiento de una criatura es una bendición de Dios. Se multiplica el número de miembros en una familia. El plan del creador, no empieza cuando salimos a la luz, sino desde el mismo vientre de la madre. El profeta Jeremías, nos lo recuerda: “Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes que tu nacieras, yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones.”

Dios ya nos había consagrado desde el mismo vientre materno. Aniquilar la vida es truncar el proyecto que Dios había pensando. Expulsar la vida de un ser humano en gestación, es un acto egoísta, injusto y criminal.

Jesucristo, es el Rey Universo, lo es también del vientre materno. Somos parte del Cosmos. Y Dios en su sabio designio nos ha colocado en el planeta tierra. Jesús quiere reinar en el universo de nuestros corazones, pero siempre aparecerá un Judas, que con sus actos perversos, se ve claro que ya ha sacado a Jesús de su corazón. Por eso traiciona la vida por unas cuantas monedas, que ponen en sus manos, los sectores egoístas y criminales que no quieren respetar la vida del vulnerable e indefenso. El Hijo de Dios, solo reina en nuestra existencia, si lo permitimos. No se impone. La opción por Él ha de ser en entera libertad. Al confesar su reinado universal, estamos diciendo que suyo en el tiempo y la eternidad.     Jesús es, la Palabra viviente del Padre, por lo tanto, su Palabra es norma que rige nuestras vidas. Es una verdad, que al asumirla nos hace libres, y no esclavos.  “Quien esta de parte de la verdad escucha mi voz” (Juan 18, 37).

Si Jesús es Rey del Universo, entonces su norma, su ley se convierte en un referente para el mundo entero, en norma suprema para todos lo que hemos aceptado el proyecto de Dios.

Colaboremos con el humilde Rey. Digamos sí a la vida. Alcemos la voz, como bien lo decía Monseñor Bretón, ante la multitud que se congregó allí. Expresaba: “…Bien sabemos que no pueden gritar los niños en el vientre, pero podemos y debemos hacerlo nosotros”.

Que Jesús continúe reinando en nuestros corazones. Jamás seamos indiferentes, siempre solidarios. Defendamos las dos vidas. Porque la vida misma es un don irrefutable de Dios.

El autor, es Juez del Tribunal Eclesiástico.