Imitemos al maestro.

Una de las tantas justificaciones en la que se apoyan las personas para no trasparentar una conducta ejemplar, es el hecho mismo de que hoy no hay a quien imita; no existe al parecer una persona que esté viviendo los valores auténticos que necesita la humanidad para creer en un mundo más humano y más creíble.

Es fácil adherirse a este modo de pensar y no asumir ninguna responsabilidad que contribuya a la modificación del comportamiento de las personas que viven en la sociedad. Es la mejor manera para sentirse seguro en la propia existencia desorganizada y desencarnada de la realidad social. Conducta que asumen los seres humanos ante el sufrimiento presente en nuestro diario vivir.

Hoy, no se cree en ningún paradigma humano no sólo porque estamos en crisis de líderes con valores morales, sino porque el concepto de voluntad humana ha quedado reducido a un uso exclusivo de la sobrevivencia personal. Es decir, ya la voluntad como el factor fundamental que impulsa al hombre a derribar los antivalores sociales ha caducado. Para muchos, se encuentra en peligro, por causa de los promotores del mal, personas que viven sumergidas en el escepticismo y en el individualismo radical, sin mostrar esperanza de querer cambiar.

Sin embargo, no todo es como piensan algunos de que la resignación es lo único que nos queda para salvaguardar nuestra integridad humana, nuestros deseos caprichosos y egoístas, disque porque ya no existen paradigmas a seguir; pues los hombres que tenían los pies puestos en la tierra desaparecieron, se esfumaron sin dejar rastro alguno.

Aunque nuestra existencia se desarrolle en un mundo lleno de personas pesimistas y amargadas; individuos que no permiten que el optimismo se vea con claridad, es necesario recordar que hay un maestro a seguir y a imitar. Un maestro admirado por todos y seguidos por uno pocos: Jesús, el hijo de Dios, el cual teniéndolo todo, se hizo hombre, mostrándole al mundo que se puede ser ejemplo para los demás si esperar aplauso ni tampoco fama, que se puede ser diferente sin dejar de ser la misma persona de siempre, porque no es la persona quien tiene que cambiar, sino las malas actitudes que dañan su personalidad.

Jesús es la persona que ha trascendido la historia, que ha roto todos los esquemas de humillación que impedían que el hombre fuera totalmente libre. Por eso, gracias a su pasión, muerte y a su gloriosa resurrección hoy es para la humanidad un testimonio intachable. Se ha convertido en el Maestro de Maestros y el Señor de Señores, porque sus hechos fueron el resultado de sus palabras. Y esto debe ser fortaleza y gozo para todo cristianos, para esquivar las malas propagas de lo que perdieron su esperanza, de los que están sumergidos en el fango y perdidos en su propia ignorancia no hagan que nuestro amor a la verdad y a la justicia sea pisoteado por no haber encontrado un Maestro como Jesús para encontrar su felicidad.