El papel de la Iglesia en la formación de los hospitales.

Santiago.-La palabra hospital viene del latín hospes, «huésped» o «visita». De hospes se derivó hospitalia, «casa para visitas de forasteros». Posteriormente hospitalia se transformó en hospital para indicar la casa o lugar designado para brindar auxilio o acogida a los, pobres, ancianos, peregrinos y enfermos.

Aunque algunos sostienen que en las antiguas civilizaciones griegas y romanas existían los hospitales, un gran número de historiadores pone en duda o niegan ese dato. Así pues, podemos afirmar que la institución conocida con el nombre de hospital, propiamente dicho, tiene su origen en la caridad cristiana, pues desde el siglo IV de nuestra era, gracias a ella se inició lo que en un principio se había llamado las casas de extranjeros, y que en latín se expresaba con la palabra hospitales, casa de huéspedes (hospes) o peregrinos. Así pues, nos queda claro que en sus inicios los hospitales, no eran un lugar donde se recibía exclusivamente a los enfermos, sino que este nombre era utilizado para designar aquellos lugares donde se acogía a los necesitados que se encontraban sin hogar, o para acoger a los peregrinos o forasteros que deambulaban por los pueblos. Es decir, hospital era el término que se utilizaba para indicar un lugar donde se practicaba la hospitalidad o acogida, bajo la dirección de un sacerdote u obispo.

Estas casas, desde la segunda mitad del siglo IV se fueron multiplicando en todas partes, se dieron disposiciones especiales para que cada ciudad organizara alguna o algunas de ellas. La inmensa mayoría de estos hospitales estaban patrocinados por particulares que eran personas caritativas, de buena voluntad y sumamente piadosas, pues sin distinción de clase, eran atendidos allí los enfermos y necesitados. Con el paso de los años la Iglesia procuró que este estilo de ayuda particular se fuera institucionalizando.

Aunque al principio la caridad cristiana era en forma individual, es decir, que se hacia según se fuera presentando el caso, poco a poco se fue cambiando esta idea y se procuró formar instituciones que pudieran atender de forma permanente a los enfermos y necesitados. Había personas que se dedicaban por completo a atender a los enfermos y muchas veces sin remuneración alguna.

A partir del año 313, el emperador Constantino, con el edicto de Milán, dio libertad a los cristianos, no sólo se construyeron iglesias públicas, sino que también se crearon los primeros hospitales. En toda gran ciudad del Imperio se construyó, casi sin excepción, un centro sanitario dirigido por los cristianos. En estos hospitales o centros pequeños sanitarios daban cobijo y hospedaje a los extranjeros, cuidaban a los enfermos, atendían a las viudas, a los huérfanos y a todos los pobres en general. En este aspecto San Basilio, quien supo juntar su cualidad de Príncipe de la Iglesia con el oficio de padre de los pobres, para lograr el fin propuesto de ayudar a los enfermos y a los pobres, construyó un grande hospital, el más antiguo de que se tenga información.

En tiempos del ilustre San Juan Crisóstomo, se terminó de organizar en Constantinopla el socorro a los necesitados, para ello se establecieron hospitales para enfermos y refugios para pobres. A partir de ese entonces Constantinopla sirvió de modelo para la organización de otros hospitales en diversas ciudades.

Por otra parte, San Ambrosio insistía constantemente en la ayuda al necesitado a través de la creación de los hospitales para la atención de los enfermos, así como de diversos centros de atención para pobres.

“Santa Elena (242-329), madre del emperador Constantino, fundó varios hospitales cristianos. San Efrén (+373) fundó un hospital en Edesa con 300 camas para apestados e indigentes especialmente. San Jerónimo nos dice (carta 77) que en el año del Tíber. A partir de la paz constantiniana se fundaron muchos hospitales con algunas particularidades: nosokomia (para enfermos), gerontocomia (para ancianos), xenodochia (para pobres y peregrinos), orphanotropia (orfelinatos)”.

En la Edad Media, en ciertos monasterios, especialmente benedictinos y cistercienses, tenían hospitales para el cuidado de enfermos, ancianos e inválidos. A principios del siglo XII, surgieron por iniciativa de la Iglesia en distintos lugares las primeras leproserías o lazaretos. Y en tiempo de las epidemias, como la famosa peste negra del año 1348, que redujo la población de Europa en una tercera parte, la Iglesia se volcó en la atención de los enfermos desde el Papa benedictino Clemente VI hasta sencillos seglares que, en muchos casos, dieron su vida al contagiarse ellos mismos de la enfermedad.

La Orden de los caballeros de san Juan, conocidos también como los hospitalarios, dejó especial huella en la historia de los hospitales europeos y principalmente por su hospital de Jerusalén con sus amplias instalaciones. Este hospital, fundado hacia el 1080, daba alimento a los pobres y cobijo a los peregrinos, muy numerosos en Jerusalén. Al principio, fue creado para la atención a los cristianos, pero después atendió también a judíos y musulmanes. En este hospital de Jerusalén, se hacían pequeñas cirugías; los enfermos recibían dos visitas médicas cada día y recibían dos comidas principales. En el siglo XIII, la Orden de los hospitalarios administraba cerca de 20 hospitales y leproserías.

Los anteriores ejemplos sirven para conocer no solamente el origen histórico de la creación de los hospitales, sino para comparar la verdadera caridad cristiana con el espíritu mercantilista e inhumano de los mismos en la actualidad, salvó naturalmente algunas excepciones.