¿QUE ES EL CLERICALISMO?

  1. CLERICALISMO ES UNA ESPECIE DE MACHISMO

El Papa Francisco se ha referido al clericalismo, como algo muy negativo, en relación con el “clero” o sea el conjunto de la Cabeza de la  Iglesia, los Obispos, Sacerdotes y Diáconos.  Así no se puede decir que la Iglesia  es clericalista, porque ella es una gran familia que tiene una cabeza: Esta cabeza si puede caer en el clericalismo.  Es como el machismo en el hogar, pero no la familia en sí.  La esposa y los hijos sufren los efectos del machismo.  Así también la Iglesia, la Esposa de Cristo y del mismo Clero, sufre los efectos del clericalismo.

  1. DEFINICIÓN DEL DICCIONARIO

Tomemos como definiciones del clericalismo las mismas que da el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia.

  1. “Influencia excesiva del clero en los asuntos políticos”.
  2. “Intervención excesiva del clero en la vida de la Iglesia, que impide el ejercicio de los derechos a los demás miembros del pueblo de Dios”.
  3. “Marcada afición y sumisión al clero y a sus directrices.

Nótese que “clericalismo” consiste en la “excesiva” o  “marcada”  influencia  o intervención. Esto no significa que tiene que estar ausente en los asuntos del país, como tampoco en la falta de presencia.  Al contrario, esta falta sería tan negativa como el clericalismo.

  1. MUESTRAS DE CLERICALISMO

 

  1. El Centralismo: cuando no se consulta. La Iglesia es diá Hay que consultar siempre, aunque la última decisión la tome “la cabeza”, como en las familias. Cuando no se disciernen los carismas de cada miembro de la Iglesia y no se da participación es clericalismo.

 

  1. Los Consejos diocesanos o parroquiales, por ejemplo, son espacios de diálogo y de toma de decisiones. Las diferentes instancias de la Iglesia han de participar en ellas, dar sus ideas, aportar y luego “la cabeza”, obispos, sacerdotes o diáconos, después de oír a todos, aprueba o no la conclusión a la que se ha llegado.  Tienen la última palabra.  Imponer siempre su opinión o carecer de Consejos o no reunirse de manera sistemática son signos de clericalismo. Y al revés, decir que la decisión tomada es del Consejo es una falta de responsabilidad.

 

  1. En los Consejos, en los que el obispo, sacerdote o diácono son asesores, no tienen la última palabra. La tiene la mayoría del Consejo.  Se le llama, entonces, “Gobierno Colegiado”.  Si el asesor busca imponer su parecer, entonces es clericalismo, a no ser que se trate de un asunto doctrinal o del Plan Nacional o Diocesano de Pastoral.  Así, por ejemplo: En los Consejos (presbiterales, pastorales o económicos) de la Diócesis de Higüey o de la Arquidiócesis de Santiago, consultaba y oía, pero yo tenía la última palabra, que casi siempre era lo que el Consejo había propuesto.  En cambio, como Asesor General de la Comunidad de Siervos de Cristo Vivo o de Cursillos de Cristiandad o de la Renovación Carismática u otros movimientos o comunidades laicales, yo acompañaba,  orientaba, decía mi parecer, pero la última decisión no era mía, era  colegiada, aunque yo no estuviera de acuerdo.

Cosa curiosa: en ninguno de los dos casos, Consejos diocesanos o Consejos como  asesor, yo no votaba: en el primero, porque el voto decisivo era el mío; y en el segundo, precisamente para no imponerme, para no caer en el clericalismo.

  1. Cuando se le habla mal a la gente y se le corrige en público, o se hace con prepotencia, eso es clericalismo.
  2. Cuando se prohíbe o se critica un movimiento aprobado por el Papa y el Obispo, eso es también clericalismo.

CONCLUSIÓN 

Debo advertir que en el clericalismo muchas veces hay problemas humanos no resueltos: complejos de inferioridad, inseguridad, traumas causados por el padre o la madre, heridas psicológicas no curadas ni en la familia ni en el seminario. Cuántas veces está presente  este clericalismo en ministros, cristiana y sacerdotalmente buenos, pero con problemas humanos.  Siempre es sabio, humano y cristiano, orar por los sacerdotes y no criticarlos ni caer en la murmuración, cuando han caído en el clericalismo; y hablar con humildad con ellos, si se cree necesario, siguiendo el método de la corrección fraterna, Mateo 18, 15-17.

+Ramón Benito de la Rosa y Carpio

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