El juicio de Dios y la Historia.

Pues bien, ahora les toca a ustedes, los que hicieron de dólar el fin principal de sus vidas, y se olvidaron del ser humano. No lo ganaron sólo con el sudor de su frente o el trabajo paterno.

En vez de alegrarse y gozar, lloren a gritos por las desgracias que llegan: perderán sus bienes. Sus riquezas se han podrido por la sangre que estaba mezclada con ellas.

Sus desfiles de modas y sus armarios de ropas ustedes encuentran oxidados su oro y su plata: estos ante Dios lo acusan. La conciencia y el remordimiento son fuego que les quema las carnes, que consume al culpable. Pues ustedes, en verdad, han amontonado no billetes de banco, sino cargos para el juicio de Dios y la Historia. 

Miren: el salario que no han pagado al obrero está gritando y el clamor y las oraciones de los campesinos han llegado a oídos del Señor del Universo. Ustedes han llevado en la tierra una vida de lujo y placer. Han engordado: están preparados para el día de la matanza y el degüello. Han condenado al inocente, Le han dado muerte Sin él poder defenderse.

Esos son los cargos contra ustedes en el juicio de Dios y la Historia, que ya está entre nosotros. ¡Miradlo, se acerca!

(Tomado de mi libro “Quién liberará este pueblo”)