Papa Francisco y periodismo.

“Para ser periodista hay que ser buena persona ante todo”.
(Ryszard Kapuscinski)

El papa Francisco ha establecido con mucha responsabilidad cuál debe ser el papel de los periodistas en el mundo de hoy; su mensaje se convierte en una lección para que se adquiera conciencia de la necesidad de desarrollar una comunicación al servicio de la vida.

 “No seáis los altavoces de quienes gritan más fuerte y recordar las guerras y situaciones olvidadas, son algunos de los consejos de la lección de buen periodismo que el papa impartió hoy a los corresponsales extranjeros en Italia a quienes recibió con sus familias en el Vaticano”, ha proclamado su cantidad, de acuerdo a una información divulgada por la agencia española de prensa “EFE”. 

Los cerca 400 periodistas acreditados en la asociación de la Prensa Extranjera de Roma y que normalmente cubren las audiencias que celebra el papa, esta vez eran protagonistas. El discurso era para ellos, de acuerdo al relato de “EFE”.

Y también fueron ellos quienes dirigían su discurso a Francisco, representados por la presidenta de la asociación, la estadounidense Trisha Thomas, quien habló al papa de la necesidad de que el periodismo luche contra las noticias falsas y también con el odio que fluye en las redes sociales y citó los varios periodistas que han muerto recientemente ejercitando su trabajo.

En la Sala Clementina del palacio apostólico repleta para esta ocasión, Francisco comenzó su discurso asegurando que «aprecia» el trabajo de los periodistas y que «también la Iglesia lo aprecia, incluso: «cuando metéis el dedo en la llaga, y cuando la llaga está en la comunidad eclesiástica».

Era desde 1988 cuando el papa san Juan Pablo II acudió a la sede de la asociación de la prensa extranjera y después les invitó a la residencia de Castelgandolfo con sus familias, que un pontífice no se reunía específicamente con los reporteros extranjeros.

Lo primero que recibió Francisco fue el carné de socio de la Prensa Extranjera y una invitación a que vaya a la sede como hizo Karol Wojtyla.

En su discurso, el papa exhortó a los presentes a que realmente la «comunicación sea un instrumento para construir y no destruir», «que no siembre el odio, que dé voz a quien no tiene voz, y que no sirva de megáfono a quien grita más fuerte».

El pontífice argentino hizo notar la necesidad de humildad para buscar la verdad y evitar así «la presunción de saber ya todo».

«Periodistas humildes no quiere decir mediocres, sino más bien conocedores de que a través de un artículo, un tuit, un directo televisivo o radiofónico se puede hacer el bien y si no se es escrupuloso, el mal al próximo a incluso a enteras comunidades».

Puso el ejemplo de cómo ciertos titulares «gritados» pueden crear «una falsa representación de la realidad».

Y que aunque «las rectificaciones siempre son necesarias» ahora en la era de Internet donde las noticias viajan rápidamente y las informaciones falsas se difunden pareciendo verdad «puede no bastar para restituir la dignidad».

Francisco continuó su lección del buen periodismo pidiendo a los reporteros que «resistan a la tentación de publicar noticias no suficientemente contrastadas».

La humildad, remarcó, puede servir al periodista «a dominar la prisa, a intentar detenerse y a encontrar el tiempo necesario para entender».

En estos tiempos en los que, especialmente en las redes sociales y no solo, «se usa un lenguaje violento y despreciativo que hiere y a veces destruye a las personas, se necesita calibrar el lenguaje», señaló el papa.

Así como, también instó ante quienes difunden noticias falsas a «no comerciar con la comida podrida de las desinformación y ofrecer el pan bueno de la verdad».

«No hay que olvidar este Mediterráneo que se está convirtiendo en un cementerio», añadió entonces Francisco al discurso que había escrito.

Como en todos sus encuentros, el papa dio la bendición a los presentes, pero al explicar que algunos presentes no eran católicos o no creyentes, bendijo a todos «en silencio».

Tenemos que asimilar la sugerencia del Santo Padre, y reflexionar para encarar con responsabilidad los desafíos en procura de usar las palabras y los medios de información para construir, jamás para destruir.