Papa Francisco: Cuando criticas o hablas mal del otro asesinas su reputación.

La corrección fraterna es un consejo útil dado por un cristiano a su prójimo para ayudarle a crecer a lo largo del camino de la santidad. Es un medio de progreso espiritual que nos ayuda a conocer nuestros propios defectos, ya que de otra forma, y muy a menudo, pueden estar ocultos a nosotros mismos por nuestras propias limitaciones, o disfrazados por nuestro amor propio.

Con frecuencia, suele ser una condición previa necesaria para que podamos hacer frente a esos defectos con la ayuda de Dios, y así mejorar nuestra vida cristiana.

La corrección fraterna cristiana nace de la caridad, la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios.

Dado que la caridad es el «vínculo de la perfección» y la forma de todas las virtudes, el ejercicio de la corrección fraterna es una fuente de santificación personal para la persona que lo da y la persona que lo recibe. Ofrece al dador la oportunidad de practicar el mandato del Señor:

«Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado»

Y además ofrece al que la recibe las luces que necesitan para renovar su seguimiento a Cristo en el punto concreto que Ha sido corregido.

Pero, ¿debemos tener cuidado cuando corregimos? Por supuesto que sí.

El Papa Francisco, en una de sus reflexiones nos habla acerca de este proceso de corrección, y es importante que lo tengamos en cuenta porque en algún momento, nos tocará a cada uno de nosotros, practicar este acto de caridad. A continuación la reflexión del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos día! El evangelio que nos narra el capítulo 18 de Mateo, presenta el tema de la corrección fraterna en la comunidad de los creyentes. Es decir: como yo tengo que corregir a otro cristiano cuando hace una cosa que no es buena.

¿Qué nos enseña Jesús?

Jesús nos enseña que si mi hermano cristiano comete una culpa contra hacia mi persona, me ofende, yo tengo que usar la caridad con él y antes de todo hablarle personalmente, explicándole que cuanto ha dicho o hecho no es bueno. ¿Y si el hermano no me escucha?

Jesús sugiere intervenir progresivamente: primero volver a hablarle con otras dos o tres personas, para que sea más consciente del error que cometió. Si a pesar de esto no recibe la exhortación, es necesario decirlo a la comunidad.

Y si no escucha ni siquiera a la comunidad, es necesario hacerle percibir la fractura y la separación que él mismo ha provocado, haciendo venir a menos la comunión con los hermanos en la fe.

Las etapas en este itinerario indican el esfuerzo que el Señor pide a su comunidad para acompañar a quien se equivoca, para que no se pierda.

Es necesario ante todo evitar el clamor de la crónica y los chismes en la comunidad. Esto es lo primero que hay que evitar.

«Ve, amonéstalo, tu y él solos». La actitud es de delicadeza, prudencia, humildad, atención hacia quien cometió una culpa, evitando las palabras que puedan herir y asesinar al hermano.

Asesinar con la lengua

Porque ustedes saben que las palabras matan. Cuando hablo mal y hago una crítica injusta, cuando descarno a un hermano con mi lengua, esto es asesinar la reputación del otro.También las palabras asesinan. Vamos, con esto, seriamente.

Al mismo tiempo esta discreción, de hablarle estando solo, tiene la finalidad de no mortificar inútilmente al pecador. Se habla entre los dos, ningún otro escucha y todo acaba aquí.

Y a la luz de esta exigencia se entiende también la serie de sucesivas intervenciones, que prevé involucrar a algunos testimonios y después a la misma comunidad.

La finalidad es de ayudar a la persona a darse cuenta de lo que ha hecho, y que con su culpa ha ofendido no solamente a uno, pero a todos.

Pero debemos ayudarnos también a librarnos de la ira y del resentimiento que hace solamente mal. Esa amargura del corazón, que trae la ira y el resentimiento y que llevan a insultar y a agredir.

Es muy feo ver salir de la boca de un cristiano un insulto o una agresión. Es feo, lo entendieron. Nunca insultar. Insultar no es cristiano, ¿lo han entendido? Insultar no es cristiano.

En realidad delante de Dios somos todos pecadores y necesitados de perdón. Todos. La corrección fraterna es un aspecto del amor y de la comunión que debe reinar en la comunidad cristiana, es un servicio recíproco que podemos y debemos darlos los unos a los otros.

Corregir al hermano es un servicio.

Y es posible y eficaz solamente si cada uno se reconoce pecador y necesitado del perdón del Señor. La misma conciencia que me hace reconocer el error del otro, antes aún me recuerda. que yo mismo me he equivocado y me equivoco tantas veces.

Por esto al inicio de la misa, cada vez estamos invitados a reconocer delante del Señor que somos pecadores, expresando con palabras y con gestos el sincero arrepentimiento del corazón.

Y decimos: ten piedad de mi Señor, soy pecador y confesamos nuestros pecados. Y no decimos: Señor ten piedad de este que está a mi lado o de ésta, que son pecadores. No, ten piedad de mí. Todos somos pecadores y necesitamos del perdón del Señor.

El Espíritu Santo habla a nuestro espíritu

Y es Jesús mismo que nos invita a todos, santos y pecadores a su mesa, recogiéndonos en las encrucijadas de los caminos y de las diversas situaciones de la vida.

Y entre las condiciones que llevan a los participantes a la celebración eucarística, hay dos condiciones fundamentales, para ir a misa. Todos somos pecadores y a todos Dios nos da su misericordia.

Son dos condiciones que nos abren las puertas para ir bien a misa. Tenemos que acordarnos de esto antes de ir al hermano para hacer una corrección fraterna.

Siempre tenemos que recordar esto antes de ir a un hermano para la corrección fraterna. Pedimos por todo esto la intercesión de la bienaventurada Virgen María, que mañana celebraremos en fiesta litúrgica de su natividad.