Vida y aborto VI

Visión antropológica y ética, basada en hechos científicos

INTRODUCCIÓN

Repito: Seguimos ofreciendo íntegro, capítulo por capítulo, mi libro “VIDA Y ABORTO”. Como hemos dicho, el tema del aborto es un tema, ante todo, científico y ético más que religioso. Sobre esto trata también este capítulo, que dividiremos en dos partes.
Capítulo V (Primera Parte)

El presente documento ofrece una serie de datos y reflexiones, basadas únicamente en las ciencias médicas y en la ética.
“La Constitución de la República Dominicana, norma suprema de la nación, reconoce la inviolabilidad del derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte. Cualquier consideración sobre el aborto y, en particular, sobre una ley que lo aborde, debe partir de este contexto, es decir, de la supremacía de la Constitución y del respeto a la vida, derecho fundamental de todos.”

Consideraciones sobre el aborto procurado

La reflexión sobre el aborto no puede quedarse única y exclusivamente en el mundo jurídico, sino que también es necesaria una visión antropológica y por tanto ética, basada en hechos científicos constatables aportados por el ámbito de la medicina.

Se ha de considerar que tras la unión de los gametos femeninos y masculinos nos encontramos ante un nuevo ser perteneciente a la especie humana, y por consiguiente de naturaleza humana racional, que se irá desarrollando en un proceso dinámico hasta su muerte. El comienzo de la vida, y de su destino humano, surge de una situación primigenia en que, al constituirse el zigoto, aparece una “realidad nueva” que estará en continuidad con las ulteriores fases del desarrollo, en un proceso dinámico y continuo de ser humano.

En el caso del embrión y el feto, el hecho de tener en potencia y no ejercer las acciones específicamente humanas, no quiere decir que no exista un ser humano, de naturaleza racional, ya que no se puede dar un tránsito ni brusco, ni paulatino, de ser algo a ser alguien. Es decir, desde el punto de vista ontológico es siempre el mismo —un alguien y no un algo, un sujeto y no un objeto—.
Existe una identidad en el mismo ser humano que pasa por diferentes etapas en su evolución, siendo la primera de estas la concepción. Este alguien en gestación tiene derecho a vivir desde su concepción hasta su alumbramiento, pues el derecho a la vida no ha de ser exclusivo de aquellos que ya han nacido.

En relación con el tema del aborto, el debate se ha de plantear en el derecho del sujeto en gestación y no en las justificaciones que pueda alegar la embarazada para realizar un tipo de acción de esta índole. Este derecho a la vida del sujeto en formación demanda de la sociedad, especialmente de los que defendemos el valor de la vida desde su concepción, unos deberes para con la madre gestante en busca de una respuesta adecuada a las motivaciones que la inducen a violar el derecho de vida del no nato.

Desde esta perspectiva consideramos que no es ético el aborto procurado o directo, entendido este como la finalización abrupta del embarazo que conlleva la muerte del fruto de la concepción antes de las veinte semanas. Este tipo de aborto puede clasificarse en:

•Aborto “libre”: finalización del embarazo por cualquier razón, incluso estética o para salvaguardar la apariencia.
•Aborto psicosocial: es la eliminación del embrión o feto por consideraciones psicológicas, familiares, económicas o sociales de la mujer gestante.
•Aborto eugenésico: se elimina el feto cuando se puede predecir con probabilidad o certeza que nacerá con un defecto o enfermedad.
•Aborto selectivo: en el caso de embarazos múltiples, producto de la fecundación artificial y transferencia embrionaria, se eliminan algunos embriones con el fin de que los otros tengan mejor posibilidad de sobrevivir.
•Aborto “ético” o de “honor”: es el destinado a provocar la muerte del embrión feto en gestación cuando este ha sido la consecuencia de alguna agresión sexual o relación incestuosa.
•Aborto “terapéutico”: finalización del embarazo que persigue la salud de la madre en sentido amplio. La muerte del embrión o feto es buscada como medio para lograr la salud materna.
Cada uno de estos tipos de aborto conllevaría una reflexión ética particular, en virtud de que implica la supresión de una vida humana en estado de vulnerabilidad e indefensión, independientemente de cómo haya sido gestada o del estado de salud en que se encuentre el feto o la madre.

El tipo de aborto que parece haber levantado mayor polémica, en relación a la reforma del Código Penal, ha sido el llamado aborto ”terapéutico”, y también se han escuchado voces a favor del llamado aborto ético o de honor, o también denominado por algunos bioeticistas aborto por incriminación criminológica, para así no darle una valoración moral. En relación a este segundo, ciertamente, la violación y el incesto son experiencias dramáticas que provocan en la persona situaciones traumáticas desde el punto de vista físico, psíquico y moral. Traumas con consecuencias psicológicas, que muy probablemente afecten a la mujer de por vida. Psicológicamente se podrá aprender a vivir con ello, pero difícilmente podrá borrar de manera absoluta esa vivencia. Sin entrar, todavía, en la valoración ética del aborto, ¿sería correcto tratar de resolver un trauma con otro trauma producido por el aborto? Pues se sabe que las personas que se han procurado un aborto, antes o después, se les manifiestan trastornos de la personalidad, del ánimo u otras patologías mayores, como la fibromialgia, desencadenadas por el recuerdo de dicha acción. Quizás, ¿no sería mucho más oportuno, ayudar psicológica y materialmente a esa madre para continuar el embarazo y poder dar en adopción a ese niño y evitarle así un trauma y posteriores patologías?

En relación al llamado aborto “terapéutico”, se han de considerar dos cuestiones fundamentales, la primera en relación a la palabra “terapéutico” y la segunda en lo concerniente al concepto de salud.”

CERTIFICO que estoy transcribiendo completo literalmente mi libro VIDA Y ABORTO, capítulo tras capítulo.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los diecisiete (17) días del mes de julio del año del Señor dos mil dieciocho (2018). l