La familia que aprendió a leer y a escribir.

Segunda entrega

Introducción
En mi primera entrega sobre esta familia, hablé de Evaristo Carpio, mi tío abuelo; de Manuel Eleodoro Carpio Durán, mi tío Lolo; y de Dionisia Carpio Durán, Mami Nena, mi madre. Hoy continuamos este relato-reflexión con otros miembros de la misma familia.

4. Dr. Francisco del Carpio Durán, tío Cándido

El más pequeño de los hermanos varones de mamá recibió el nombre de Francisco, pero es conocido sobre todo como Cándido.
Cuando un servidor estaba en octavo curso (1952-1953), tenía entonces trece años, nuestra venerada profesora, doña Catalina de Montes de Oca, nos pidió escribir, como trabajo de clase, una biografía, incluyendo nuestros deseos de futuro. En ese trabajo escolar, escribí entonces, que yo quería ser historiador, escritor y orador. En verdad lo afirmé, pensando en tío Cándido, por quién sentía una gran admiración. A mi memoria viene un discurso que pronunció en nuestro parque central, el cual resonó en todo Higüey.

En ese momento, no sabía que el tío Cándido nunca había pisado una escuela, igual que sus hermanos.

Mucho más tarde, en 1980, recogí en mi libro “Razones para vivir”, segunda edición en ese formato, año 2011, págs. 14-15, lo siguiente:

“Siempre recordaré con afecto la vida de uno de mis tíos. Tenía conciencia de que él había nacido para triunfar y triunfó en la meta que se propuso.

De pequeño se crió en la aridez intelectual de los campos del Este de la República Dominicana, en los años 1920. Cuando iba a la ciudad se escapaba al parque del pueblo para escuchar los oradores políticos y de los tribunales. En su corazón de niño, brotó el deseo de ser abogado y orador.

Casi analfabeto aun en su adolescencia, se vio obligado a trabajar como empleado en una tienda. Luego montó su propio negocio y en su tiempo libre estudiaba. A los 28 años tenía esposa e hijos y decidió trasladarse a la capital.

Movido por la meta que ardía en su corazón, buscaba codearse con los hombres que la habían realizado. En ese ambiente, encontró un profesor universitario -¡la gran oportunidad de su vida y no la desaprovechó! – que le abrió el camino a un examen general de bachillerato. Salió triunfante. Entró en la facultad de Derecho, y bajo la presión de un comercio para subsistir él y su familia, se graduó de abogado a los 36 años de edad. ¡Había triunfado 30 años después de que en su corazón había nacido la llama de ser abogado y orador!

Ese triunfo se vio coronado por una carrera notable. Un compañero, que lo conocía bien, dijo: “Él es uno de los mejores abogados nacidos en esta tierra oriental”.

En su conciencia debía estar muy claramente expresada esa ley de la vida: “La vida merece vivirse porque hemos nacido para triunfar, no importado el tiempo o el camino que hay que recorrer para alcanzar la corona de la victoria”.

Tío Cándido, pues, sin haber pisado nunca una escuela, se graduó de Doctor en Derecho en la Universidad Primada de América, solo porque leía continuamente y estudiaba los libros que caían en sus manos.

Cierto día, previo a una de las tertulias que organizaba Mons. Oscar Robles Toledano, en su casa, a las que fui invitado a participar, siendo yo Rector del Pontificio Seminario Santo Tomás de Aquino, le comenté, entre otros temas, que tenía un tío, abogado, que fue aceptado en la Universidad sin haber estado nunca en una escuela, ni primaria ni de bachillerato. Le dije su nombre. Me contestó: -“Yo lo conozco muy bien”. -¿Cómo así?, le respondí sorprendido.

-Sí. Fui yo quien lo aceptó, siendo
Vicerrector de la Universidad.
Tampoco olvidaré las agradables y substanciosas conversaciones que sostenía con tío Cándido, en su casa y oficina, frente al Parque e iglesia San Carlos.

En mi memoria está fresca aun la imagen de su valiosa biblioteca, especializada en Derecho y con volúmenes en francés de la jurisprudencia francesa, que es válida para la República Dominicana. Recuerdo, como ahora, el relato de una señora mayor, engañada por “unos vivos” y que resolvió gracias a un caso parecido acontecido en Francia.

Tío Cándido, pues, aprendió francés solo por la lectura, porque no fue a una escuela de francés en la República Dominicana ni estudió en París, como tuvo la dicha de hacerlo éste, su sobrino, marcado por su ejemplo.

El caso del tío Cándido es tan impactante que, en un primer momento, pensé poner como título a este trabajo: “El hombre que se graduó de abogado sin haber estado nunca en una escuela”. Pero luego pensé que sus hermanos, aunque no fueron graduados universitarios, sin embargo, se superaron igualmente con solo la lectura.

5. Mi vida: de Lector a Escritor
Cuando me preguntaban – “Usted, ¿por qué escribe?
En verdad, no sabía qué responder, porque toda mi vida he escrito. De ahí que respondía simplemente: –“Escribo porque escribo. Lo amo porque lo amo. Me gusta porque me gusta”.
Ahora me atrevo a responder, creo que con más precisión: – “Escribí porque leí. Aprendí a escribir leyendo”. También creo que tengo dotes, recibidos de Dios, para hacerlo. Lo hice. Me salió bien. Creo también que mis maestros y mucha gente me estimuló al valorar mis escritos. Nadie nunca me mandó a escribir. Por eso escribo, porque escribo desde pequeño y porque leo desde pequeño, igualmente.

He aquí algunos rápidos y breves jalones, escenas, que guardo en mi memoria sobre mi vida de escritor:

– 9 años, 1948, cuarto de primaria: el inolvidable profesor, don Bienvenido Durán, me lleva con un escrito en la mano a la Dirección de la Escuela y me presenta al Director de la misma, el Profesor Tejada, diciéndole: – “Mire lo que ha escrito este muchachito. Se ve que servirá para algo”. No recuerdo si fue un trabajo escolar o algo que escribí espontáneamente.

– 10 años, 1949-1950, quinto curso de primaria: se funda un periódico escolar y me nombran a mi Director del periódico. Nunca funcionó. Pero a los diez años ya yo fui Director de un periódico.

– 13 años, 1952-1953, octavo curso: la imposible de olvidar biografía, pedida por doña Catalina, en la que hice constar, como en ella dije, que sería historiador, escritor y orador. Y en verdad lo he sido, junto a mi ministerio sacerdotal y episcopal.

– 14 años, 1953-1954, primero de bachillerato: me pidieron que tuviera el discurso en honor de Duarte durante el acto en memoria suya, el 26 de enero de 1954. Justo ese día descubrí a Trujillo como dictador, porque, aunque no me lo exigieron verbalmente, debía compararlo a él con Duarte, al menos afirmando que “Trujillo es el nuevo Duarte de la Patria”. Fue mi primer escrito sobre Juan Pablo Duarte. Luego volví a escribir sobre él, pronuncié homilías en sus fiestas, desde hace casi 30 años hablo y escribo sobre él en mi columna “Un Momento”; y en el 2013, 59 años, después de aquel primer discurso como estudiante, publiqué “Salve, Padre de la Patria”, libro en el que recojo diez títulos sobre él.

– En 1956, 16 años, tercero de bachillerato: escribí mi primer poema, “Tiempo”, en versos sáficos, como trabajo para las clases de estilo literario, impartidas por el formador P. Vinicio Frías, S. J.

– También en 1956, el Seminario Santo Tomás organiza un Concurso Literario interno para nosotros sus alumnos, escritos que debían entregarse al final de las vacaciones de verano. Para él escribí un trabajo sobre el sacerdote higüeyano Padre Tomás Núñez Cordero. Al regresar de vacaciones se me acerca el padre Marcial Bedoya, S.J., y me dice: – Ganaste el Primer lugar del Concurso Literario, pero no tenemos premio que entregarte.

– En 1962, 23 años, aun estudiante seminarista, me lanzo a publicar mi primer libro de bolsillo, titulado “La reforma social”. Todavía lo considero una osadía. Mi compañero de estudios, Santiago Hirujo, buscó ayuda aquí y allá, y auspició la edición de 10,000 ejemplares.

– En 2009, al cumplir 80 años, un grupo de amigos lanza el proyecto, “80 años, 80 libros. Por un país de lectores y escritores”

6. Mis hermanos
También mis hermanos han leído y escrito libros:
a) Mercy de la Rosa de Castillo Escribió “Mami Nena cree, espera y ama”, muy valorado por los lectores. Da abundantes conferencias, retiros espirituales y está preparando un volumen con sus muchos apuntes. Además, ha sido profesora de primaria, de educación especial, de bachillerato y universitaria, Directora del Liceo Gerardo Jansen, en Higüey, de la Escuela Nacional de Ciegos en Santo Domingo. Vicerrectora Universitaria en Higuey, primera directora de una Escuela de Teología para Laicos en Santo Domingo.

b) Ana María de la Rosa y Carpio, Altagraciana. Ha sido orientadora, profesora y charlista toda la vida. Prepara un par de libros.
c) Ilderín de la Rosa y Carpio. Murió a los 45 años. Fue reconocido profesor en el Politécnico Loyola.
d) Héctor de la Rosa y Carpio. Ha impartido charlas. Prepara un libro con chistes para la familia. Su fuerte es el buen humor y el crear alegría en la familia y en los ambientes en los que participa.
e) Antonieta de la Rosa de Encarnación. Da charlas de psicología y espiritualidad. También escribe, pero aún no ha publicado libros. Ha sido profesora universitaria.
f) Candy de la Rosa de López. Escribe libros sobre cocina y recetas. También es profesora.

Conclusión

CERTIFICO que cuanto digo en “La familia que aprendió a leer y a escribir” es fidedigno y hace parte de mis memorias.

DOY FE, en Santiago de los Caballeros, a los veinticinco (25) días del mes de junio del año del Señor 2019.